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La desilusión del primer mundo

He pensado mucho en el tema sobre el que escribir para mi primer post en este blog de Latinas en Alemania.

Luego de darle muchos días de conversaciones con la almohada, me dije a mi misma que de todo lo que he leído, poco he visto sobre la desilusión que uno/a se lleva cuando llega al llamado “primer mundo”.

Personalmente no es mi primera vez, sino la cuarta vez en Europa, siendo la tercera vez que vivo en Alemania. Así que puedo comparar épocas anteriores con la actual. Y en gran resumen, no ha cambiado para mejor. Con esto no quiero desilusionar a quienes están por venir, pero sí dar un punto de vista sobre este tema.

En el 2020 llegué a Alemania con mi familia, esposo e hijas, llenos de esperanzas sobre una nueva vida, en un lugar seguro y con más oportunidades para nosotros. Y aunque yo tenía totalmente claro que el migrar es un proceso, aún no tenía idea sobre el proceso con una familia a cuestas.

Para mi estos han sido los desafíos enormes de migrar a Alemania con familia, puede ser que en ciertos casos sea específico para Berlín:

-          Encontrar vivienda. Creo que cualquiera que haya venido ha pasado por este trámite que parece imposible. Bueno ya sé que exagero, pero conseguir algo estando aún fuera del país es casi como encontrar una aguja en un pajar, estando ya en el país es menos complicado, pero tampoco fácil. Eso en mi país es totalmente diferente. Allá casi que puedes elegir a tu total gusto dónde vivir, los metros cuadrados, imponerte ante cosas que el propietario no quiera, etc. Aquí casi casi te hacen un favor al alquilarte algo.

-          La soledad. Y entiendo que haya gente que disfrute su soledad, el vivir solo/a significa tranquilidad y paz. Para otros la soledad es una carga pesada que o aprendes a llevarla a te aplasta. Parecería obvio que para experimentar la soledad uno/a deba estar en realidad solo o sea como popularmente se dice "no tener ni perro que te ladre". Pero no es necesariamente así. He podido caer en cuenta que al migrar existe una nueva clase de soledad, que personalmente he atravesado. No estoy literalmente sola, porque tengo mi familia y, sí, graciosamente tengo a un perro que me ladra. Pero existe una soledad que sufres al migrar porque se ha "perdido" a la familia cercana, al círculo de amigos, a una vida que ya no está. Y eso puede hacerte sentir muy muy solo/a. Eso sumado al hecho de que hacer amigos en otra ciudad, país, cultura, y más aún a una edad "avanzada" es cada vez más difícil.

-          Encontrar especialistas médicos. La salud es un tema que me da para un post solito, pero el problema con el que más me he encontrado es el de los especialistas. Encontrar cita para un dermatólogo puede llevar hasta 6 meses y cuando lo encuentres, es una lotería que sepa tratar tu piel. He ido a al menos 10 dermatólogos en estos 3 años y ninguno me ha tratado como lo hacía mi doctora en mi país. Me tocará seguir buscando, aunque los tiempos de espera sean absurdos.

-          Obviamente el clima. Tal vez no molesta al inicio, ni al segundo o tercer año, pero creo que casi todos llegamos a extrañar tener varias horas de sol al día y no tener que estar poniéndose el ropero completo encima para poder salir sin frío. Yo personalmente extraño el clima de mi ciudad, la eterna primavera en donde no sentía menos de 15 grados ni más de 25. Abrigos grandes, gorros, medias de lana casi nunca.

-          La burocracia. Si hay algo que a mí se me venga a la mente al escuchar la palabra Alemania, es la burocracia. Pienso que Alemania se parece mucho al libro de Kafka, “el proceso”; con todos sus despachos en diferentes pisos, los casos complicados, todo es difícil. Todo empieza con el registro en el ayuntamiento. Esto es necesario para “existir” en este país. Con ese registro puedes trabajar, recibir notificaciones del estado, recibir tu número fiscal, abrir cuentas de banco, firmar contratos, etc. Pero para esto necesitas tener un departamento, cosa que como ya vimos antes es difícil. Pero para tener departamento necesitas trabajar porque sino nadie pensaría siquiera alquilarte un departamento. Y para trabajar necesitas tu número fiscal… así que es un círculo vicioso terrible. Adicional al registro están los trámites de extranjería que son un dolor de cabeza, los de licencia, de impuestos, y un sinfín de trámites que se hacen en el ayuntamiento. Para lo cual conseguir cita es una tarea titánica. En serio creo que se necesita un libro a lo “Burocracia alemana para dummies”.

-          Las drogas. Ni siquiera porque vengo de un país dominado por el narcotráfico había estado tan cerca de las drogas como en Berlín. El olor a marihuana suele inundar cuadras enteras, ver a la gente con la mirada perdida es algo muy normal, ver como se inyectan en un baño público con la puerta abierta de par en par, encontrar a un adicto con la inyección aún colgando del brazo (de hecho, eso lo vio mi hija de 8 años). Jamás había visto esto y pues es algo “normal” en ciudades grandes, sobre todo en Berlín. 

-          La suciedad. Uno pensaría que como en Europa la gente es más culta, cobran más impuestos, hay más dinero para estas cosas, las ciudades son nítidas. Posiblemente dependa de la ciudad. Berlín es, en muchas áreas, una ciudad super sucia. No solo se ven montones de basura en las calles, los basureros sin fondo con todo su contenido desparramado en el suelo, sino que hay muebles en muchas esquinas. El deshacerse de muebles suele tener un costo, así que la gente prefiere ponerlos en la calle para ver si algún rato la basura se la lleva. Pero eso suele demorar hasta que alguien se queja con el “Ordnungsamt” - Oficina de orden público – y ellos se encargan de retirar los muebles.

-          Los impuestos. Si bien es cierto que esto es lo que permite que la sociedad funcione, que se pueda dar ayudas sociales, etc, no es menos cierto que se paga impuestos por todo acá. Impuestos para la TV y radio (que dicho sea de paso muy poca gente mira), impuestos por tener mascotas (en Berlín 120€ anuales), impuesto a la religión (si eres católico o evangélico), impuesto al café y algunos otros impuestos algo absurdos.

-          El mal humor. Creo que definitivamente los alemanes no tienen fama de ser lo más alegres, pero a veces pienso que muchos viven sus vidas en la total amargura. He leído mil y una historias sobre como los vecinos se quejan del más mínimo ruido (me pasó que vino un vecino a patearme la puerta porque mis hijas jugaban), cargan caras de pocos amigos, gritan a todo el mundo.  Ojo que no digo que sean todos, pero en Berlín abundan.

Supongo que me habré olvidado de una que otra cosa. Pero luego de poner en una lista tanta cosa negativa, pues algo habrá que aún no me ha desilusionado del todo vivir acá.

-          La educación: Las escuelas públicas son gratis. La calidad de la educación es otra cosa, pero con esa educación puedes llegar a la universidad, algo que la educación en Latinoamérica no siempre te permite. Las carreras universitarias de pregrado igualmente son muy asequibles.

-          La salud. Si bien es cierto tiene sus obstáculos, pero en general todos tienen acceso a la salud y no tendrán que declararse en bancarrota por cuentas médicas, ni te vas a morir por no tener como pagar los servicios de urgencia u hospitalarios.

-           La seguridad. Sé que hay sectores más o menos peligrosos, pero en resumidas cuentas Alemania es mucho más seguro que muchos países latinoamericanos. No digo que no sucedan cosas, es más a mí me han robado una vez la bicicleta, pero tengo la libertad y seguridad de salir sola a caminar de noche, de poder hablar con el celular sin miedo de que me roben. No tengo que pensar dos veces al escuchar una moto, pensando que vendan a robarme o tener miedo de escuchar disparos a cualquier hora del día pensando que son sicarios. Eso es un alivio enorme.

-          El transporte. Al menos en ciudades grandes como Berlín o Hamburgo, el servicio de transporte es excelente. Buses, Tranvías, trenes, metros prácticamente 24/7 y a todos lados, con gradas eléctricas, ascensores, acceso para sillas de ruedas, coches de bebés, perros. Y todo esto por apenas 49 € al mes con el ticket de Alemania (Deutschlandticket).

-          La facilidad para viajar. En general viajar es relativamente sencillo. Hay trenes o buses a todo lado, hay aviones que ofrecen buenos precios, hoteles, hostales para todo bolsillo. Si tienes auto puedes en un día ir a conocer otro país y volver. Hay paisajes maravillosos, bosques, lagos, ríos, montañas y mil cosas hermosas que conocer,

Con estos pros y contras pueden formarse su propia idea. Pero es bueno no venir con la falsa idea de que acá todo es limpio, ordenado, y funciona siempre perfectamente. FALSO. Posiblemente tenga una opinión sesgada porque estos últimos años solo he vivido en Berlín, y al parecer en Berlín todo funciona más mal que bien. Este país, como muchos otros, tiene sus problemas, pero también cosas buenas que permitirán tener una vida plena.

 

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