El invierno en Europa y la vitamina que no sabía que me faltaba
Oficialmente, el último día que vi el sol brillar con intensidad fue el 7 de diciembre. Ahí fue cuando comenzó el invierno para mí. Después de eso pasaron los días entre lluvias y nevadas; cada día me sentía más agotada y, aunque durante las noches conciliara el sueño, aquella fatiga extrema no se iba con nada, incluso después de haber descansado lo suficiente. A esto se sumaban los dolores de cabeza y los calambres en las piernas que no cedían con nada. Y lo que me faltaba: ya era la tercera...