Cartas desde allá
- Maria M
- 19 may
- 2 min de lectura
Berlín, ...8 de ........ de ...............

Querida tierra donde nací:
Vives en mi memoria, en un lugar al que ya raras veces voy. Y al visitarte, se siente como pisar el Badematte después de la ducha: reconfortante, cálido y tierno. Eres ese rincón inexpugnable de los días mentolados de la juventud. Sostienes mis memorias más cristalinas, de cuando aún no me quemaba en la hoguera del mundo.
Eres tierra negra, fértil y férrea que ha resistido lo que propios y extraños le han hecho. Estoica. Resiliente. Magnánima. Después de siglos de atropellos, nos sigues dando mangos, papayas, cocos y aguacates tan deliciosos con los que quienes nacen en esta orilla solo pueden soñar. Aun sigues ofreciendo flores para alegrar tristezas, aun sigues sosteniendo a quienes no te han devuelto nada. Toman de ti para sí y no lo comparten ni lo devuelven.
Te veo ahora desde lejos y me traspasa la idea de que he visto cómo te has convertido en la perla en la boca de los cerdos. Me dueles en el ahora y me dueles en la memoria. Me duele el saber que nunca pude hacer nada por ti. Me duele no saber si algún día podre hacer algo por ti. He empezado por irme, a ver si así primero puedo hacer algo por mí.
Si supieras tu cuan lejos me han llevado mis pies. La tierra de aquí guarda otras historias y otros secretos. Cuenta cuentos grises verdes y rojos. La tierra aquí está gastada, se siente raída, envejecida, descolorida, exhausta. Como que ha bajado los brazos y se ha resignado nada mas a estar. A vernos pisarla. A ver la historia desfilar y esperar a ver lo inevitable pasar. Vienen las estaciones y se van.
Te contaré también que a esta tierra le han escrito canciones y le han dedicado versos que ya no se recuerdan ni se dicen. Aquí también la han pisoteado, han tomado todo lo que han podido para sí y no estoy tan segura de si han devuelto algo a cambio.
Pienso en lo lejos que he llegado e inevitablemente pienso en ti. Pienso en esta historia que estoy escribiendo ahora desde otro lugar tan distinto, y te abrazo con todas mis fuerzas para que el trajín inútil del día entre trenes amarillos no me arranque los recuerdos tuyos que tengo tatuados en el corazón. Con el tiempo, he olvidado el olor del cilantro recién cortado. Ya no recuerdo el canto del colibrí ni el llamado del vendedor ambulante.
Me he hecho el propósito de escribirte mas a menudo, en un intento de no olvidarte. En un intento de contar lo que has sido para mí, lo orgullosa que estoy de haber nacido en tus costas, de haber comido tu comida y haber soñado en tus cielos.
Espero que sigas estando tan brillante como te recuerdo. Yo sigo estando tan valiente como me hiciste.
Hasta la proxima carta.
Tu ciudadana.








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