EL PRECIO DE VIVIR EN EL VICTIMISMO
- Ana Karina Leal Flen-Bers
- 12 feb
- 2 Min. de lectura
Cuando llegamos a este país, sin ningún tipo de visa, al principio recibimos una serie de beneficios. Sin embargo, no son vitalicios. Hace poco leí una publicación sobre la importancia de la integración y todo lo que ella implica: movimiento, idioma, trabajo y estrategia. Como adultos responsables, estamos obligados a producir dinero de manera legal y pagar impuestos, y así desprendernos de las ayudas económicas. Uno de los comentarios que hicieron fue: “Ojalá nunca llegues a necesitar de esas ayudas”.
El tema no es que en algún momento lleguemos a necesitarlas. Es hacer lo necesario para hacerte responsable de tu vida y cumplir con lo que exige el sistema. Las ayudas son un respaldo temporal; la independencia es el objetivo. El mensaje de trasfondo de ese comentario es: “Tu contenido me hace sentir cuestionado, así que me protejo colocándome en una posición moralmente intocable”.
¿Te has visto alguna vez en esta posición?
• “Es que imagínate, yo aquí sin saber si me van a aprobar”.
• “Si me quitan la ayuda del social o del Jobcenter, no sé qué haré”.
• “Es que aún no hablo bien el idioma”.
• “Es que tengo mala racha, envío hojas de vida y no me llaman”.
Nuestro cerebro primitivo siempre nos dará excusas para no esforzarnos y quedarnos solo con lo necesario para respirar y seguir vivos. Por eso es importante aprender a reprogramar nuestra mente, cuestionando esas creencias que están detrás de estas afirmaciones. De alguien aprendimos a ser víctimas, sin duda.
Cuando adoptamos el rol de víctima, somos como prisioneros con las manos atadas. El beneficio más común que obtenemos es: atención, lástima, palabras de ánimo y, en algunos casos, dinero. Sin embargo, seguimos sin avanzar. Este país (y cualquier otro) requiere de personas con autoestima, con claridad, con metas y con proyectos que sumen. Es cierto que cada vez hay mayores exigencias, y es un buen punto para moverse y buscar información. Si yo no tengo esto que están pidiendo, ¿cómo lo consigo? ¿A quién puedo preguntar?
Sí, el proceso de integración puede ser largo, y es incómodo. Y aún así hay que hacerlo. Muchas veces no tendremos ganas de levantarnos, estaremos cansados. La motivación sólo llega cuando vemos resultados, así que no podemos decir: "Cuando me sienta motivado voy a actuar".
Y por último: acostumbrarse a depender de otros tiene un precio muy alto.
La vida es acción, no parálisis.










Comentarios