Rompiendo el silencio: feminismo, migración y literatura
Actualizado: hace 2 días
por Elizabeth Martínez Rosas
Una reflexión personal sobre crecer entre mujeres silenciadas, migrar a los 45 años y encontrar la voz en la literatura.

¿Te consideras feminista?
Te lo pregunto porque, queramos o no, la palabra feminista todavía incomoda. Para algunas personas suena a pelea, a exageración o a algo que no tiene que ver con ellas.
Yo no nací feminista. Y hoy quiero contarte por qué, para mí, terminó teniendo que ver con todo.
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De las contradicciones al punto de partida
Pasé la mayor parte de mi infancia y juventud en La Unión, una ciudad pequeña del sur de Chile. En mi casa se hacía lo que mi padre decía.
A medida que crecía, empecé a notar algunas contradicciones. Las mujeres de mi familia habían sido fuertes, pero muchas veces silenciadas.
Mi abuela quería estudiar, pero la obligaron a casarse. Aun así, ya casada, logró estudiar enfermería. Mi madre siempre quiso ser profesora y lo consiguió, pero una vez casada dejó de trabajar para criar a sus hijos.
La contradicción que marcó el punto de partida de mi aprendizaje feminista llegó antes de que me fuera a estudiar a otra ciudad. Mi padre me dijo: “Hija, estudia, lee, aprende. Para que no dependas de tu marido cuando te cases.”
Viniendo de un hombre tan conservador, el consejo no dejaba de ser curioso… 😉
Estudié y me titulé de traductora. Desarrollé un amor enorme por la lectura y una curiosidad aún mayor por aprender. Y aunque formé una familia, nunca me casé, por decisión propia, y soy independiente económicamente.
Con los años, mi padre me confesó que, si a él lo hubiesen educado de otra forma, probablemente habría amado de otra forma. Eso también me marcó y fue otro impulso para seguir aprendiendo.
Y digo aprendiendo a propósito: siento que aún me falta mucho por recorrer en el camino del feminismo. Es un gran cambio de paradigma que no ocurre de un día para otro, y que tampoco viven igual todas las mujeres.
Cuando nacieron mis hijos entendí que tenía una gran responsabilidad. El machismo no solo lo enseñan los hombres: lo aprendemos todas. Y a veces, incluso, lo transmitimos con amor.
Yo no quería eso. Quise educarlos para que comprendieran que respetar a las mujeres no es una excepción ni un favor, sino una forma natural de relacionarnos.
Silencios migrantes
A los 45 años migré a Alemania, cargando mis propios silencios. Durante mis tres primeros años limpié casas, como tantas de nosotras.
Así fui testigo —y algunas veces protagonista— de situaciones de discriminación, de acoso y de violencia verbal. Porque a veces, a las mujeres latinoamericanas se nos mira como si lleváramos un cartel que dice: “soy exótica”, “soy sensual”, “estoy disponible”.
Y entonces nos damos cuenta de que, aunque hayamos cambiado de continente, aquí también puede repetirse el patriarcado.
Si para mí, que sabía alemán, era difícil encontrar las palabras para defenderme, ¿cómo sería para las mujeres que todavía no podían expresarse en esta nueva lengua? Esa pregunta me llevó a enseñar alemán y a formarme para acompañar procesos migratorios y de integración.
Son muchos los silencios que atravesamos a lo largo de la vida, pero muchas veces se multiplican cuando migramos:
• Una lengua que todavía no dominamos.
• Un título que no es reconocido.
• Una experiencia profesional que aquí parece no contar.
• Una residencia que, en muchos casos, depende de la pareja.
• Una maternidad vivida lejos del clan familiar, postergada o simplemente no aceptada.
• Una familia que seguimos cuidando a miles de kilómetros y, muchas veces, hijos que se quedaron al otro lado del océano.
¿Qué es, entonces, el feminismo?
Durante mucho tiempo pensé que el feminismo era lo contrario del machismo. Craso error.
El feminismo no busca cambiar quién se sienta a la cabecera de la mesa. Busca preguntarnos por qué la mesa no es redonda.
Para mí, ahí empieza la igualdad.
Tampoco existe un solo feminismo. Hay muchos, y aunque no siempre coincidan en todos sus postulados, hay algo que los conecta: la negativa a aceptar que el silencio de las mujeres sea normal.
En nuestro caso confluyen tres dimensiones: somos mujeres, migrantes y latinoamericanas. Estas dimensiones se entrelazan y pueden dar lugar a formas particulares de desigualdad. A eso también nos referimos cuando hablamos de interseccionalidad.
La literatura: recuperar la voz
Feminismo, migración y silencio también se entrelazan en la literatura.
Durante siglos, muchas mujeres fueron silenciadas. No se les permitió estudiar, ni escribir, ni publicar, ni firmar con su propio nombre. Y las que lo hicieron, muchas veces pagaron un precio alto.
En Latinoamérica, Sor Juana Inés de la Cruz, una mujer mexicana del siglo XVII es una figura fundamental en la defensa del derecho de las mujeres al conocimiento y a la educación. Ella quería estudiar y pensar libremente. Cuando intentaron silenciarla, se defendió escribiendo, casi cien años antes que la inglesa Mary Wollstonecraft defendiera esas mismas ideas en Europa. Hoy su voz sigue vigente.
La literatura no solo se escribe: también se lee.
Cuando migras, leer puede convertirse en una valiosa herramienta de lucha, en la motivación que necesitas para salir adelante o, simplemente, en un espacio íntimo de reflexión.
Aprendemos de la literatura. Nos identificamos con esas escritoras, reconocemos sus silencios y sus experiencias porque, en muchos casos, también son los nuestros.
Hay una coincidencia que me fascina. La escritora chilena mapuche Daniela Catrileo, cuya obra también busca recuperar la voz del mapudungun, recibió en junio de 2026, en Berlín, el Premio Anna Seghers. Anna Seghers fue una escritora alemana que huyó del nazismo y vivió exiliada en México.
Una alemana exiliada en México. Una chilena mapuche reconocida en Alemania.
Y es que la literatura también migra, cambia de idioma y, sobre todo, conecta nuestras historias.
Y tú, ¿qué libro escrito por una mujer te ayudó a encontrar tu voz? Cuéntamelo en los comentarios.
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Este texto nace de la charla “Rompiendo el silencio: feminismo y literatura”, que di en la Embajada de México con motivo del aniversario de Latinas en Alemania.








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