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- Celebrar la No-Maternidad
Sé que no necesito permiso para contar mi propia historia. Por eso hoy después de trabajo terapéutico puesto en práctica, muestro lo bien que se siente: Fui criada en un hogar con muchas contradicciones. Con dos figuras de autoridad que mantenían una guerra de poderes, donde decirle que Sí a uno era desobedecer al otro, donde mostrar afecto o preferencia por uno era traicionar al otro. Donde uno me utilizaba como escudo contra la rabia del otro, y donde el otro me utilizaba como soporte físico y emocional sin tener discapacidad de ningún tipo, sólo se acostumbró a depender. Al cumplir la mayoría de edad y recién graduarme de bachillerato, escuché esta frase de sentencia-condena: “Cuando Ana trabaje, nos mudamos de aquí”. Lo dijo la misma persona que trabajó muy poco, otros adultos le resolvían sus diligencias y pagaban hasta la crianza de sus hijos porque “por culpa de Fulano y Mengano yo no he logrado nada”. Yo no era una hija, era un Proyecto de Inversión a largo plazo. Es decir, cualquier cosa que yo quisiera con mi futuro sueldo: ropa, zapatos, algún gusto, sería imposible porque ya me habían asignado como la nueva proveedora, sin consultarme. No es casualidad o mala suerte que, desde los 14 años de edad, tengo Artritis Reumatoidea. Y para quienes quieran decirme: “Dices todo eso pero después quizás esperes alguna herencia”… Esta es mi verdadera herencia: una enfermedad autoinmune por estrés, manipulación y desvalorización. La verdadera herencia es la Programación Inconsciente, no el dinero, las casas ni nada más. Si el ejemplo de maternidad que vi fue este: “dejé la universidad que era mi sueño, para tenerte a ti”, “me quité la comida de la boca (comida que no compró porque eligió depender de otros) para dártela a ti”, “ten hijos para no quedarte sola”, “cuando seas mayor de edad serás la curadora legal de tu hermana porque no sé que pueda pasarme a mí (parentificación y robo de futura adultez)”… ¿Con qué ganas voy a invertir tiempo y dinero en alguien más que no sea yo? Hoy aunque todavía tengo asuntos puntuales en resolución, puedo decir que celebro el hecho de haber sido el cortafuegos de tanta “mala vida” en mi linaje. Y también el hecho de haber elegido como esposo a alguien que tampoco quiere tener hijos. Y si alguien va a comentar algo como esto: “Una madre mantiene diez hijos, pero diez hijos no mantienen una madre”, o “primero los crían y después los hijos esperan recibir herencia”: ¿Esa madre eligió tenerlos, o la obligaron? ¿Esa madre los mantuvo, o sólo gestionó recursos de otros y vivió de excusas? ¿Esa madre crió hijos, o futuros proveedores sin derecho de elegir cómo gestionar sus futuros recursos? ¿Esa madre tuvo una vida de la que sus hijos se sienten orgullosos hoy, o sólo sigue inspirando lástima y/o resentimiento? Desde hace tres años y medio vivo en Alemania, construyendo la vida que realmente quiero y con quien quiero, libre de imposiciones y manipulaciones, sin hijos biológicos pero con muchos proyectos que suman y apoyar, desde mi profesión en salud mental, a otras personas.
- Alemania ha sido mi oasis de paz
Llegué a este país sola con mis hijos, una maleta cada uno y la esperanza de empezar una vida sin miedo. No teníamos red de apoyo. Solo nosotros tres. Vengo de Venezuela. Todos sabemos la crisis política, social y económica que vive Venezuela, pero además de todo eso, yo estaba rota. Por 7 años viví con un narcisista que casi me quita la vida y logré sobrevivir. Escribo estas palabras porque sé que en Alemania muchas mujeres latinas están en relaciones abusivas. Pero lo peor no es eso. Lo peor es que llevan años así y no piden ayuda hasta que es demasiado tarde. Los patrones que llevamos sin saberlo En Latinoamérica es común ver relaciones machistas, donde el hombre se impone. Si creciste en un ambiente así, puedes estar repitiendo patrones inconscientes sin darte cuenta. Y hay algo más que pasa al migrar: muchas latinas idealizan al hombre europeo. Piensan que por ser de aquí va a ser distinto, más respetuoso, más equilibrado. Y muchos de ellos lo saben. Saben que llegamos solas, vulnerables, sin red, queriendo creer que esta vez sí. Y se aprovechan de eso. Puede ser más de lo mismo con diferente nacionalidad, e incluso peor. La violencia financiera, el quitarte el pasaporte, el amenazarte con los niños, todo eso también es violencia. En mi caso no fue un europeo, pero eso no es cuestión de nacionalidad, es cuestión de personalidad, de traumas, de problemas mentales, no lo sé. Lo que sí sé es que los hay en todo el mundo. No necesitas un salvador El hombre te ofrece villas y castillos. Te dice que se encargará de todo, te lleva a su casa. Tú eres extranjera, vulnerable, te sientes desvalida. Eso te hace presa fácil. Pero escúchame bien: no necesitas un salvador. No necesitas que nadie se encargue de ti. Solotú puedes y debes hacer eso. Cuando una mujer entiende que tiene que empoderarse, tomar las riendas de su vida y huir del "salvador", deja de ser presa fácil para este tipo de hombres. El verdadero trabajo viene después Yo pensaba que el problema era él. Que era manipulador, que era cruel, que era enfermo. Y todo eso era verdad. Pero esa verdad no me liberó. Me mantuvo girando alrededor de él durante años, viviendo en el modo víctima. Entendí que no se trataba de él, se trataba de mí. De los patrones que aprendí, de lo que vi, de lo que viví, de lo que estaba programado en mi subconsciente. Si no entendemos qué nos llevó a aceptar lo que aceptamos, lo repetimos. Por eso es tan importante mirar hacia adentro, no solo hacia afuera. A estas conclusiones llegué sola, leyendo. Me llevó muchos años, y sanarlo también. Leí mucho a Joe Dispenza (todos sus libros), "La biología de la creencia" de Bruce Lipton, libros de Gregg Braden y otros autores. Entendí que todo está en uno mismo, no afuera. La decisión de cambiar es individual. No podemos cambiar a nadie, solo a nosotros. No puedes controlar lo que hagan los demás, pero sí lo que haces tú, lo que piensas tú, cómo te hablas, cómo eliges. Nadie quiere ver sus sombras. Pero cuando logras identificarlas, no vuelves a caer. Entendí que no se trataba de él, se trataba de mí. De los patrones que aprendí, de lo que vi, de lo que viví, de lo que estaba programado en mi subconsciente. Si no entendemos qué nos llevó a aceptar lo que aceptamos, lo repetimos. Por eso es tan importante mirar hacia adentro, no solo hacia afuera. Las mujeres tenemos una herida generacional de silencio. Por años nos han mantenido calladas y sumisas, y no sé si eso va pasando de generación en generación: "no digas nada", "calladita te ves más bonita", "es tu marido, le debes respeto", "mantén el matrimonio, es el padre de tus hijos, no lo puedes denunciar". Y así pasan los años. Las primeras que dicen eso son las mamás a las hijas. Y si ese es el ejemplo, imagínate. Cada mujer debe tomar las riendas de su vida. Aprender una profesión o un oficio que le dé ingresos. No depender de nadie. Cuidar y proteger a sus hijos. Y hablar. Denunciar. No pueden seguir callando. El mundo está lleno de familias rotas, niños traumatizados, adolescentes solos. Y después dicen que no saben por qué son así. Las señales y la acción En Alemania, las cifras de violencia contra mujeres migrantes son altas. Lo dicen los reportes, lo dicen las trabajadoras sociales. Son cifras importantes que hay que conocer y nombrar. No quieras ser parte de las estadísticas. Toma acción antes de que sea demasiado tarde, porque ellos no atacan de un día para otro: dan señales claras. Identifica las señales y apártate. ¿No tienes a dónde ir? En Alemania siempre hay a dónde ir. ¿Y sabes algo? Cuando llegamos, llegamos a un refugio. Sí, de esos que todos dicen que son horribles y mil cosas más. Escuchaba a la gente quejarse. Yo solo podía pensar: GRACIAS. Tengo un techo, comida, seguridad y paz. Por fin puedo dormir. Después de años, pude dormir. Quítale el poder En este país hay lugares de apoyo, refugios, leyes. No te quedes callada. Él te quiere callada, sumisa. Quítale el poder. Tú eres la única dueña de tu vida. No permitas que te anule. Por eso le debo tanto a este país. Alemania me dio lo que por años busqué. Sí, son burocráticos, exigentes. No me importa. Hago lo que necesiten que haga, cumplo con lo que me piden. Son sus reglas. Y gracias a ellas hoy estoy aquí escribiendo esto. Después de 10 años de haber sobrevivido a esa relación que marcó mi vida, decidí contar mi historia, para desde mi experiencia ayudar a todas aquellas mujeres con las que resuene. No se trata de feminismo, ni de narcisismo. Se trata de ti. Adriana C es autora del libro "La Llamada de Atención: Una historia real de abuso narcisista y transformación personal", disponible en Amazon en formato Kindle y tapa blanda.
- HABITAR LA DISTANCIA; integrarse sin pertenecer
“La mujer detrás del mostrador cambia al inglés en cuanto detecta mi acento. No lo hace para ser descortés, sino por eficiencia. Quiere avanzar, resolver, cerrar la interacción. Yo asiento, respondo, sigo el ritmo. Todo funciona. Todo está en orden. Respondo en inglés casi por inercia, pensando que así facilitamos en intercambio. Y, sin embargo, en ese gesto mínimo, algo se vuelve evidente: la extranjera sigo siendo yo.” Por Elizabeth Martínez ¿Cuánto tiempo se necesita para integrarse en una sociedad extranjera? ¿Cuánto necesitamos nosotras —como mujeres, como madres, como latinas— para sentir que realmente pertenecemos? Migrar comienza como un acto de decisión. Salimos de nuestros países dispuestas a enfrentar lo que venga. Con el tiempo, algo cambia: esa decisión se vuelve cotidiana y empezamos a sentir el peso de sostenerla. Alemania es hoy nuestra realidad. Un país que ofrece oportunidades, pero que al mismo tiempo exige adaptación constante. En medio de este proceso, la pregunta persiste, ¿es realmente posible integrarse? La integración como exigencia El primer obstáculo es evidente: el idioma. Para muchas, integrarse se traduce en alcanzar un nivel B1, B2, a veces C1, en algunos casos hasta C2. En teoría, dominar el alemán abre puertas: permite trabajar, entender las normas y desenvolverse en la vida diaria. En la práctica, es una montaña empinada y difícil de escalar. Incluso con un nivel avanzado, persiste la sensación de no comprender del todo. Hay matices que se escapan, códigos implícitos que no se enseñan en ningún curso. En espacios académicos, esa distancia se vuelve aún más evidente: a veces parece que se necesitara un nivel aún superior, inexistente, para estar realmente a la altura. A esto se suma el reconocimiento académico. Títulos que en nuestros países representaron años de esfuerzo no siempre tienen el mismo valor aquí. La homologación, cuando existe, rara vez equivale a un reconocimiento pleno. Sin idioma consolidado ni validación profesional, el acceso al mercado laboral se limita. Aparece una constante en muchas trayectorias migrantes: la necesidad de reinventarse. Aprender a sostenerse Mientras estos procesos avanzan —lentos y burocráticos— hay que vivir. Y vivir implica ajustar las expectativas a la urgencia. Trabajos de limpieza, cuidado de niños, trabajos por horas o con turnos aparecen rápido y permiten sostenerse, aunque no formen parte del proyecto inicial. Exigen adaptación, resistencia y una disposición a habitar espacios ajenos. Hay un componente silencioso en esto: la carga emocional. Trabajar en la intimidad de otros significa aprender reglas no dichas, observar, no incomodar, hacer bien el trabajo sin ocupar demasiado lugar. No se trata de desvalorizar estas tareas —todo trabajo es digno— sino de reconocer la distancia entre la vida imaginada y la que efectivamente estamos construyendo. Y, casi sin darse cuenta, comenzamos a tejer redes, otras mujeres, otras historias, otros acentos, vínculos que no necesitan demasiadas explicaciones. Integrarse no es pertenecer Con el tiempo, una distinción se vuelve inevitable: integrarse no es lo mismo que pertenecer. Una persona puede cumplir con todo lo esperado —trabajo estable, impuestos al día, contrato de alquiler— y, aun así, sentirse fuera de lugar. Funciona, pero no pertenece. No se trata solo de entender cómo funcionan las cosas, sino sentirse parte de ellas. Los códigos sociales juegan un papel central. No se aprenden en cursos ni se certifican con exámenes. Se incorporan con el tiempo, a fuerza de ensayo y error: la puntualidad estricta, la comunicación directa, cierta distancia en lo interpersonal, la relación casi ritual con la burocracia. Reglas no escritas que organizan la vida cotidiana. Y, sin embargo, la distancia aparece en situaciones mínimas. La manera en que alguien responde —o no responde— en una interacción mínima. La rapidez con la que una conversación cambia al inglés al detectar un acento. La falta de paciencia ante un error lingüístico. Son señales sutiles, pero persistentes, que recuerdan constantemente la posición que se ocupa. La identidad en tránsito La integración nunca es un proceso unilateral. No depende únicamente del esfuerzo de quien llega, sino también de la disposición de quien recibe. Existe una expectativa implícita: adaptarse sin incomodar, participar sin cuestionar demasiado, encajar sin alterar el equilibrio. Con el tiempo, ocurren cambios; incorporamos nuevos hábitos, los mencionados códigos. La puntualidad deja de ser un esfuerzo y la planificación se vuelve natural. La forma de habitar el espacio público cambia: se habla más bajo, se observa más, se interviene menos. No obstante, no se deja de ser quién se era. No se llega a ser completamente otra persona, pero tampoco se permanece intacta. Quizás, entonces, integrarse no sea una meta, sino un proceso constante de cambio y evolución: un equilibrio inestable entre adaptarse y reconstruirse, entre pertenecer y habitar la distancia. ¿Cuánto de esto has experimentado tú?
- Depresión Post-Visita
Esa sensación de revivir la partida de tu país cada vez que visitas a tu familia, o que ellos te visitan. Estás en el aeropuerto, emocionadísima, contando los minutos para que aparezca por la puerta de "Llegadas" tu mamá, tu papá, tu mejor amiga, o un ser querido. El corazón te late tan rápido que hasta pareciera que las personas a tu alrededor lo pueden escuchar. ¡Que emoción! ¡Que nervios! Y que ganas de abrazar a tus seres queridos! De verdad que son lindas las visitas, ya sea que tu vayas a verlos o que ellos vengan a verte. Tantos temas por platicar, tantas preguntas! ¿Cómo están todos en casa? Qué tal el viaje? Tantos temas por platicar, tantas preguntas! ¿Cómo están todos en casa? Qué tal el viaje? ¿Cómo pasaron.... la Navidad / la boda de Fulanito / el cumpleaños 96 de la abuelita, etc... El tiempo no parece ser suficiente para ponerse al día. Igual tus seres queridos querrán saber todo de ti, y de tus aventuras en Alemania: ¿Y cómo te tratan en el trabajo?, ¿Cómo son tus vecinos?, ¿Y si son racistas los alemanes?, ¿Cómo vas con el idioma?... Pff!! Algunas de sus preguntas son mucho más complicadas de responder de lo que pareciera. Todo es alegría y felicidad hasta empezamos a notar las diferencias...¿Diferencias en qué? En nuestra personalidad, o en la de nuestros seres queridos, en nuestras opiniones, hasta de costumbres! Finalmente mucho o poquito pero el tiempo ha pasado, y de una forma y otra tanto ellos como nosotros hemos cambiado. Igual los queremos y estamos felices de verlos, pero a veces una reacción a un comentario muy inocente sobre el clima por ejemplo, pone en evidencia el inevitable hecho que hemos cambiado. Son esos mini-episodios e interacciones que nos dejan ver más de lo que nos hemos perdido al no vivir en nuestro país. Finalmente no solo nos perdimos la boda de Fulanito, o el cumpleaños 96 de la abuelita, también nos perdimos un cúmulo de experiencias que bien pudieron ser tristes, difíciles o alegres y satisfactorias; y que fueron moldeando nuestra realidad, y nuestra personalidad, y el cómo reaccionamos a ciertas situaciones. ...es justamente parte de mis intenciones de una vista de o a los familiares, que tengo, el procurar ponerme al día no solo en los eventos sociales y triviales, sino intentar saber de verdad cómo están En mi caso, es justamente parte de mis intenciones de una vista de o a los familiares, que tengo, el procurar ponerme al día no solo en los eventos sociales y triviales, sino intentar saber de verdad cómo están, cómo se sienten, si algo los preocupa... porque justamente esa es la parte que más me duele perderme. No me malentiendan, me hubiera encantado estar presente en las bodas de dos de mis primos, y bailar toda la noche, pero más me encantaría estar allí para abrazar a mi papás si están teniendo un día difícil, o a mi abuelita si está enferma, o escuchar a mi amiga contar historias de su perrito que no anda muy bien. En todos esos momentos es en los que pienso cuando días después la visita llega a su fin, y estamos de nuevo en el aeropuerto, despidiéndonos, con el corazón desbordándose de emociones. En cierta forma es como revivir una vez más el día que salí de México a empezar una nueva vida en Alemania. Pidiendo lo mejor para mi familia y mis seres queridos, y empezando un conteo para la próxima vez que pueda verlos. Creo que todos quienes estamos en la misma situación podemos confirmar que despedirse de la familia y amigos, es un poquito más fácil cuando ya se tiene una fecha para verlos de nuevo (¡así falten meses! siempre será mejor que no saber). De allí mi hábito de revisar frecuentemente si hay descuentos en vuelos a casa, o para que vengan a visitarme! Amigos y familia: perdón por el spam pero mandarles promociones de vuelos es parte de mi visualización y deseo de verlos! Finalmente, el tener o no una fecha concreta para visitarlos o que nos visiten, es como una muletilla, que no garantiza que no nos vayamos a perder momentos importantes de nuestros seres queridos, sino que nos da algo de paz y la ilusión de verlos de nuevo, nos reconforta. Este año decidí "prepararme" para enfrentar la "depresión post-visita", con lo mejor que se me pudo ocurrir... centrarme en vivir el momento. Si bien, la vez anterior que mis papás me visitaron, me quedé muy tristona y apachurrada tras su partida, esta vez me propuse a estar presente. Ya que se llegaron los últimos dos días, sentí como me entraba la angustia, pero en vez de caer en la emoción, pensé "¡Mis papás están aquí! Que afortunada soy!" los abrace tantas veces pude, platicamos, aproveche para recordarles lo mucho que los quiero y los admiro, y les agradecí la vida entera literal. Obviamente esto fue mucho más fácil en los días previos a que se llegara la despedida del aeropuerto, pero aún así yo seguí muy comprometida con la causa de vivir el presente, incluso cuando se me estrujaba el corazón y ya era hora de "despedirse bien" para que los viajeros pudieran seguir por el security-check del aeropuerto. Y así me cayó el veinte, que de ese instante se trata la vida... Y así me cayó el veinte, que de ese instante se trata la vida. Aun cuando yo sabía que 2 minutos después ellos iban a pasar por el security-check para seguir su camino hacía la sala de espera, y el resto de su viaje de regreso... a mi todavía me quedaban esos 2 minutos de poder decir: " ¡Mis papás están aquí! Que afortunada soy! ". En verdad que en la vida no la pasamos viendo al futuro, " la próxima semana tengo que hacer esto...", "hoy voy a cenar esto.." , "cuando vea a Fulanita le voy a decir que...", "mañana hago esto...", y en eso se nos van tesoros tan grandes como esos 2 minutos más de abrazar a nuestros seres queridos cuando están aquí . Igual lloré feo, cual Kim Kardashian, pero sentí menos tristeza en los días subsecuentes, en vez me sentí más tranquila. Así que con gusto les comparto a todas y todos quiénes potencialmente estarán en esta situación, este tan trillado y tan cierto consejo: disfruten el presente. xxx LuceBuona www.l-vi.com Ig: lvi_blog
- Dirección y Estructura: la base del cambio real.
En muchos espacios de orientación, desarrollo personal y trabajo comunitario, se repite una idea casi automática: todo se reduce a la autoestima. Sin embargo, cuando trabajamos con realidades complejas como migración, maternidad temprana, adaptación cultural o dinámicas familiares tensas esa explicación se queda corta. La experiencia práctica muestra algo distinto: las personas no cambian solo porque se sienten mejor, sino porque saben hacia dónde ir y cómo hacerlo. Ahí es donde entran dos elementos que suelen subestimarse: dirección y estructura. El problema de fondo: cambio sin rumbo. Muchas intervenciones bien intencionadas se enfocan en: - validar emociones. - fortalecer la autoestima. - promover la reflexión. Y aunque eso es importante, suele faltar algo clave: claridad de objetivos pasos concretos para lograrlos. El resultado es frecuente: - personas que entienden su situación, pero no saben cómo cambiarla. - avances emocionales sin cambios conductuales sostenidos. - sensación de estancamiento a pesar del “trabajo personal”. ¿Qué es dirección? La dirección responde a una pregunta simple pero poderosa: «¿Hacia dónde quiero ir exactamente?» No es un deseo general (“quiero estar mejor”), sino algo específico: - “quiero terminar mis estudios en 2 años” - “quiero establecer límites claros en mi relación” - “quiero lograr independencia económica” Tener dirección implica: - definir metas claras. - priorizar. - tomar decisiones coherentes. Sin dirección, incluso la motivación más alta se dispersa. ¿Qué es estructura? La estructura es el “cómo” del cambio. Es lo que traduce una meta en acción: - hábitos - rutinas - límites - estrategias concretas Aquí es donde enfoques como el de han demostrado gran eficacia, al trabajar con: - pensamientos automáticos. - conductas específicas. - patrones repetitivos. La estructura permite: - pasar de la intención a la acción. - sostener cambios en el tiempo. - medir avances reales. Cambios rápidos vs cambios sostenibles Existe un mito: que lo rápido no puede ser profundo. Pero en realidad: - los cambios pueden comenzar rápido cuando hay claridad. - se sostienen en el tiempo cuando hay estructura. Se necesita un mínimo de 21 días y un máximo de 264 días para crear y mantener un nuevo hábito. Por ejemplo: Una mujer migrante puede, en pocas semanas: - identificar creencias que la limitan (con guía de un profesional de la salud mental) - comenzar a poner límites - reorganizar su rutina Pero sostener eso en el tiempo dependerá de: - sistemas de apoyo - hábitos consolidados - consistencia en sus decisiones En contextos latinos (y migrantes), esto es aún más importante Las mujeres latinas —especialmente en procesos migratorios como en Alemania— enfrentan múltiples capas: - cambios culturales. - redes de apoyo limitadas. - exigencias familiares. - presión económica. En este contexto, trabajar solo desde lo emocional no basta. Se necesita: dirección clara en medio del cambio. estructura para sostener decisiones en entornos nuevos. Una invitación diferente Más allá de preguntarte “¿cómo me siento?”, prueba con: - ¿Qué quiero construir en mi vida en este momento? - ¿Qué decisión concreta puedo tomar esta semana? - ¿Qué estructura necesito para sostenerla? Porque al final, el bienestar no se trata solo de sentirse bien… sino de vivir con claridad, intención y coherencia.
- ¿Está mi hijo preparado para la Grundschule? Lo que las madres latinas deben saber antes de que su hijo empiece el colegio en Alemania
Empezar la escuela en Alemania puede generar muchas dudas en familias migrantes. Qué significa realmente estar preparado para la Grundschule y por qué no se trata de saber leer o contar hasta 100. Si tu hijo o hija va a empezar la primaria, es muy posible que estas preguntas te ronden la cabeza durante el día… o incluso te quiten el sueño por la noche. ¿Estará preparado/a? ¿Se adaptará bien? ¿Voy a saber acompañarlo/a en un sistema escolar que no conozco? ¿Es un problema si no hablo muy bien alemán? La entrada en la escuela primaria —la Einschulung — es un momento muy importante en la infancia. Y en Alemania, además, es todo un acontecimiento familiar. Un ritual que empieza meses antes En el último año de Kindergarten , los niños pasan a ser Vorschulkinder . Son los mayores del grupo y reciben una atención especial: actividades preparatorias, visitas al colegio o pequeños proyectos pensados para esa transición. Los niños lo perciben. Sienten orgullo… y también algo de nervios. Después llegan algunos rituales muy alemanes que muchas familias extranjeras descubrimos con sorpresa: la elección de la Schulranze (la mochila escolar), la Schultüte , ese gran cono lleno de dulces y pequeños regalos, y finalmente la Einschulung , el primer día de colegio, que muchas familias celebran casi como un bautizo. Para muchas madres latinas todo esto puede resultar curioso. Incluso un poco exagerado al principio. Pero detrás de estos rituales hay algo más profundo. El gran cambio entre el Kindergarten y la escuela El Kindergarten alemán es muy diferente al preescolar en muchos países hispanohablantes. El foco está en el juego libre . Los niños exploran, imaginan, construyen, prueban. Dentro de ciertos límites marcados por los adultos, tienen bastante autonomía para elegir a qué jugar y cómo hacerlo. La escuela primaria introduce otra lógica. Aunque siguen existiendo el juego, la creatividad y las manualidades, aparece un elemento nuevo que empieza a organizar todo lo demás: el rendimiento. Durante los primeros cursos esto no siempre es evidente. Pero poco a poco la dinámica cambia. El momento en que las notas empiezan a seleccionar En Alemania, ya en tercer y cuarto curso de primaria las notas comienzan a tener una gran importancia. Al final de cuarto, los niños reciben una recomendación escolar ( Schullaufbahnempfehlung ). Es una orientación del profesorado sobre qué tipo de escuela secundaria sería más adecuado para el alumno. Dependiendo del estado federal, puede ser: Gymnasium, Realschule o Hauptschule (3 niveles educativos diferentes) Gesamtschule Detrás de esta estructura hay una idea muy arraigada en el sistema educativo alemán: que los alumnos con diferentes niveles de rendimiento sigan caminos escolares distintos. Por eso muchas familias perciben la primaria como una etapa decisiva. No es casualidad que exista un proverbio alemán que dice: “Mit der Schule fängt der Ernst des Lebens an.” Lo que se podría traducir libremente por "Con la entrada en el colegio la cosa se pone seria". La presión que muchos padres alemanes sienten Este contexto explica por qué palabras como Druck (presión) o Stress aparecen con frecuencia cuando se habla del colegio. Aunque oficialmente se repita que no hace falta preparar a los niños antes de empezar primaria , algunos padres comienzan igualmente a enseñar a leer, escribir o contar hasta 100 en casa. A veces dicen que es porque el niño lo pide. Pero muchas veces también hay otra razón: el miedo a que su hijo se quede atrás. ¿Y qué pasa con las familias latinas? Las familias latinas solemos percibir esa expectación y esa tensión. Pero no siempre entendemos de dónde viene. Algunas reaccionan quitándole importancia: “Bueno, es solo el colegio.” Otras, se suben a esa dinámica del estrés y la presión sin comprender del todo cómo funciona el sistema. Y en medio de todo eso aparece una pregunta muy humana: ¿Está mi hijo/hija realmente preparado/a para empezar la escuela? El sentimiento que aparece casi siempre: el miedo Cuando llega este momento, muchas madres empiezan a sentir algo muy común en la maternidad: el miedo. Miedo a que el niño no se adapte. Miedo a que tenga dificultades con el idioma. Miedo a que no encuentre amigos. Miedo a no saber cómo ayudarle. Incluso miedo a no estar a la altura como madre. Pero el miedo, como cualquier emoción, no es un enemigo. Es un mensajero . Nos señala que hay algo importante en juego: el bienestar y el futuro de nuestro hijo. Y también nos recuerda algo esencial: ningún niño empieza la escuela “perfectamente preparado”. La escuela es precisamente el lugar donde se aprende. Entonces… ¿está mi hijo/hija preparado/a? Tal vez la pregunta más útil no sea si tu hijo o hija ya sabe leer o escribir. La verdadera preparación para la escuela tiene más que ver con otras señales: curiosidad, capacidad de relacionarse con otros niños, confianza para pedir ayuda o estrategias para superar la frustración. Si te estás preguntando cómo observar estas señales con más calma y sin caer en comparaciones entre niños, aquí explico cinco claves que pueden ayudarte a saber si tu hijo está preparado para empezar primaria . Porque al final, la escuela no es una carrera que empieza el primer día de primaria. Es un camino largo. Y cada niño lo recorre a su propio ritmo. Sobre la autora: Lucía Uría es coach educativa y cuenta con más de 20 años de experiencia docente. Vive en Alemania desde 1999 y es madre de tres hijos, lo que le permite conocer el sistema escolar tanto desde dentro del aula como desde la perspectiva de las familias. Acompaña a padres y madres cuando los deberes, el aprendizaje o el sistema educativo generan estrés en casa. Es fundadora de Schulglück y creadora del programa Mind4Learn® für Schulen . Más información: coaching-schulglueck.com
- ¿A qué huele tu vida? La memoria olfativa en la vida cotidiana
Por Elizabeth Martínez A propósito de mi último texto (Duelo climático) vino a mi mente la relación entre nuestra memoria y los olores, y cómo interactuamos con ellos en el día a día. La memoria olfativa cumple un papel fundamental en las emociones humanas. Los olores se procesan en un lugar del cerebro llamado bulbo olfativo, la primera estación de este recorrido, que está conectado directamente con las áreas responsables de las emociones y la memoria. Gracias a esta conexión podemos experimentar y recordar momentos de nuestra vida a través de los olores. El pasado domingo, después de pasar un entretenido día con amigos junto a una fogata —observando ese fuego hipnótico— disfruté largamente de su aroma, que me transportaba al otro lado del mundo, donde el olor a leña forma parte de la vida cotidiana. Hoy, sin embargo, al despertar, todo fue distinto. Sentir que toda la casa estaba completamente saturada por el olor a humo dejó de ser romántico. La ropa usada yacía en el suelo, casi suplicando zambullirse en la lavadora. Primero debemos distinguir entre “aroma” y “olor”. El aroma describe algo agradable. Lo asociamos con comida, flores, perfumes, café, etc. Nos evoca bienestar y experiencias positivas. El olor, en cambio, es un término más neutro: indica simplemente que una sustancia es perceptible por el olfato. Puede ser agradable, desagradable o simplemente indiferente. ¿Entonces, cómo pasamos de algo placentero a algo intolerable con el mismo olor? Parte de la explicación es química. Muchas sustancias aromáticas son inestables, y con el tiempo, se degradan generando compuestos malolientes. Las causas de esto pueden ser variadas: oxidación por el aire, acción de la luz o de la humedad, entre otras. Pero los olores no solo dependen de la química. En el cuerpo humano influyen factores genéticos, alimentarios y, por supuesto, los hábitos de higiene. Las bacterias presentes en la piel también desempeñan un papel clave, ya que son responsables de dar ese “toque aromático” al sudor. Nuestra cultura, además, orienta la forma en que interpretamos estos olores. Lo que resulta normal o incluso agradable en un lugar puede percibirse como desagradable en otro. Esta reflexión ahora me lleva inevitablemente a recordar el libro “ El Perfume ”, del escritor alemán Patrick Süskind, famoso mundialmente por esta obra. Sin ánimo de hacer spoiler, el libro narra la vida de un hombre con un olfato extremadamente privilegiado pero que, paradójicamente, carece de olor corporal propio. Una historia que invita a pensar hasta qué punto el olor forma parte de nuestra identidad. Cuando llueve, las calles desprenden un aroma húmedo y se percibe el aire fresco y limpio. Al subir al metro, sin embargo, esto cambia. Se percibe el olor humano impregnando cada centímetro del vagón. Siempre puede haber una explicación para esto —en invierno porque hace frío y en verano porque hace calor—. Lo cierto es que existen olores a los que nuestro olfato nunca termina de acostumbrarse. Quizá, después de todo, la diferencia entre un aroma y un mal olor no esté solo en la química, sino también en el contexto. Los olores no solo describen el mundo que nos rodea, también habitan nuestro mundo interior. Tal vez, la pregunta más íntima no es si algo huele mal o bien, sino qué historia revela el aroma de nuestra propia vida.
- Y tu, ¿cómo te imaginarías viviendo feliz en Alemania?
Si estás recien llegada al país, depronto nos puedas dejar en los comentarios cuáles son esos sueños o ilusiones con las que una pisa por primera vez suelo europeo... Porque esas perspectivas frescas creo que nos pueden ayudar a recordar y a inspirarnos. Y si ya llevas tu buen par de años por aquí, seguramente ya tienes "cancha" enfrentando la divertida cantidad de retos que nos propone este país 😜 Estaba leyendo varios de los posts del Blog, y cada uno, más conversaciones variadas con amigas y allegadas me hacían pensar en algo: Si, Alemania es un país muy retador, y en muchas ocasiones caemos en la corriente nacional del "olvido y la tristeza", incluso de hiperproductividad para sentir que somos valoradas en este sistema (y lo digo desde los aprendizajes de la experiencia). Pero en un chispazo de suerte me pregunté: Bueno, y ¿cómo se vería si viviera feliz después de atravesar esos retos? ¿Hacia donde me puedo dirigir, que sea una meta para buscar sentirme realmente integrada y a gusto en este país? Y después de años de masticar y digerir estos cuestionamientos, estas son algunas de mis respuestas: ( Aviso importante: si has vivido situaciones diferentes de lo que menciono acá... Y sobre todo muy retadoras, valido totalmente la importancia y complejidad de tu experiencia 😊 por eso todo lo que leas acá, que deje por fuera partes de ella o sean diferentes y no te aporten, pasalas de largo, porque sólo tu entiendes lo que has vivido, lo que necesitas y cómo puedes cuidar mejor de ti. Dicho esto, arranquemos!) Red para integrarse, no es lo mismo que red para sostener : Es maravilloso tener contactos, amistades y círculos sociales "muy alemanes", pero sus formas de ser son en su mayoría bien diferentes que las nuestras (oh sorpresa 🙈). Y si sólo nos sumergimos en esas redes, es como comprar una casa, sin tener un sueldo que la financie. Así que necesitamos las dos redes, una "del nuevo hogar" para aprender de este país y podernos mover con más autonomía... Y la otra, ESCENCIAL, la de nuestros lugares de origen , que nos den un piso en el que pararnos y con quienes transitar retos, que aunque puedan ser distintos, tengan emociones muy similares ( Gran aporte: descanso y digestión). La lógica del sistema de nuestros países latinos es emocional... La lógica alemana, es LÓGICA : Aunque suene un poco random este comentario, lo que quiero decir con esto es que el duelo de vivir en Alemania es con la pérdida de existir en un ambiente que funciona muy basado en lo que sentimos, y por ende maneja "la empatía" como una moneda. ¡Ojo! Esto puede ser tanto color de rosa, como fuente de muchos dolores de cabeza... Pero en general, digamos que esa es la idea y que esto nos ha permitido expresarnos tal vez más libremente, en nuestras relaciones, en nuestros países. En Alemania incluso a las emociones se les busca un orden, por eso si nuestras emociones han crecido en un ambiente donde tienen más permiso de ser libres e impredecibles (como lo son normalmente las emociones), se pueden sentir apretadas tratando de encajar en el orden alemán. - Moraleja de este asunto: revisa cuales de tus rutinas necesitan vivirse obligatoriamente en el mindset lógico y cuales en el mindset emocional. - Tip: En Alemania los ambientes emocionales, los vas a poder encontrar más que todo en grupos o movimientos subculturales "alternativos" o "de protesta" (¡porque adivina qué! Ser migrante acá y hablarlo abiertamente es tema un poco revolucionario 😂) . Y a ver, acá las palabras "protesta" o "movimientos alternativos" son tal vez menos tabú que en nuestros países, en el sentido de que al alemán le parece bien que se expresen emociones que latinamente tendemos a ver como "negativas" (por ejemplo la rabia o el desacuerdo... Sólo que de forma "más organizada" 😝) que paradoja ¿no? ... Pero punto para Alemania por aceptarnos mostrar emociones que también son válidas. El trabajo como medio para vivir y no para ser valorada socialmente: Tema complejo. Obviamente si tienes la suerte de estar muy a gusto en tu trabajo y sientes que estás viviendo tu vocación, entraste ganando ❤️ y si no es así, y te encuentras en el limbo entre eso y un trabajo que es la fuente de tu desdicha o incluso, no encuentras trabajo (otro post necesario para esto), entonces te invito a mirar esta perspectiva: Es muy común que para muchos alemanes, el reconocimiento laboral o la hiperproductividad sea parte de su identidad... Jmm, incluso como latina, he ido por ese camino, que me ha llevado a lugares oscuros. Y me hace pensar que tal vez, esos retos de vivir en Alemania me estén preguntando: ¿quién eres realmente? Para que a medida que vaya encontrando más respuestas, pueda aportar a un mundo que nos permita cada vez más, ser quienes realmente somos. Pero como también eso me ha puesto entre la espada y la pared, me ha tocado preguntarme si tal vez puedo sentirme muy valiosa por otras cosas que no sean mi trabajo y que (al menos por algún tiempo indefinido), tenga un trabajo que "simplemente" pague mis cuentas. Punto. Y aunque aún estoy en ese camino, me he dado cuenta que he encontrado valor en mí, al ser una mujer que conecta, que se expresa, que cuida de su hogar y de si misma, que construye comunidades y conecta mundos (tanto el latino con el alemán, como perspectivas de diferentes generaciones). Entonces esas son mis preguntas de hoy para todas. Y si has identificado otras ideas para construir ese ambiente que nos permita vivir más felices en Alemania y aportarle a este país nuestros descubrimientos, escribe en los comentarios, porque esas ideas tan valiosas (si, la tuya) sólo las encontraremos en "grupos alternativos" como este 😜 Un abrazo desde Bremen, Maria Pd: Algunas de las fotos son cortesía del fotógrafo Philipp Eigner y la comunidad Visionskultur gGmbH.
- El duelo climático: Nostalgia silenciosa, pérdida invisible.
Por Elizabeth Martínez Mucho hemos escuchado, leído y hablado sobre el duelo migratorio. En general, lo entendemos como un proceso de pérdidas múltiples: idioma, cultura, redes sociales (entiéndase como redes de apoyo y afecto), estatus, etc. Sin embargo, dentro de estas pérdidas aparece una dimensión poco visible, o tal vez menos escuchada: la pérdida del clima y del paisaje de origen . Nos encontramos ante otras temperaturas, otra luminosidad, una vegetación diferente y muchas veces, incluso otros sonidos ambientales. El migrante no solo pierde un territorio social, sino también un ecosistema emocional . ¿Cómo podemos describir el vínculo afectivo que se genera entre las personas y el entorno físico? Traemos con nosotras toda esa memoria plasmada en cada una de nuestras células. Les comparto una experiencia cotidiana. Cuando pienso en marzo, por ejemplo, para mí huele a hojas secas. Mi mente y mi cuerpo sienten que es momento de abrigarse y que debemos prepararnos para “iniciar” el año. Cuando llega junio, en cambio, me cuesta asimilar que se inicia el verano. Con sólo nombrar el mes, viene a mi mente la lluvia y el viento que, al otro lado del mundo —en el otro hemisferio— golpea estrepitosamente los techos. El olor a tierra mojada me inunda, casi puedo sentir las gotas en mi piel. Mi nariz se pone en alerta, pero por mucho que agudiza el sentido del olfato, no encuentra ese aroma húmedo. Mi cerebro y mi cuerpo se confunden. Hay olor a primavera, pero es marzo. Hay olor a verano, pero es junio. En antropología se habla de identidad climática , puesto que las personas internalizan el clima de su lugar de origen. Esta experiencia suele describirse como pérdida sensorial . Una pérdida más que se suma a las muchas que acompañan la migración. Cuando una persona se traslada a una latitud distinta, especialmente en Europa del norte, el contraste puede ser intenso. El duelo climático suele manifestarse a través de emociones sutiles: nostalgia sensorial, desorientación estacional, melancolía paisajística. A diferencia de otros duelos, este reaparece cada año. Algunos psicólogos lo consideran un duelo estacional recurrente. Con el tiempo, el cerebro crea nuevas asociaciones. No obstante, el recuerdo original permanece intacto. Hay muchas formas de intentar familiarizarse a estos cambios. Podemos construir nuevas comunidades, crear nuevos rituales para adaptarnos y aprender a habitar este nuevo paisaje. Sin embargo, por encima de todo, aprendemos a habitarnos nosotras mismas. A habitar el espacio que somos.
- El invierno en Europa y la vitamina que no sabía que me faltaba
Oficialmente, el último día que vi el sol brillar con intensidad fue el 7 de diciembre. Ahí fue cuando comenzó el invierno para mí. Después de eso pasaron los días entre lluvias y nevadas; cada día me sentía más agotada y, aunque durante las noches conciliara el sueño, aquella fatiga extrema no se iba con nada, incluso después de haber descansado lo suficiente. A esto se sumaban los dolores de cabeza y los calambres en las piernas que no cedían con nada. Y lo que me faltaba: ya era la tercera vez que me enfermaba en menos de un mes. Además, estaba la dificultad para concentrarme y una sensación general de apatía. Yo le echaba la culpa al estrés de los exámenes, a la nostalgia de las fechas decembrinas y al hecho de tener que pasar la Navidad lejos de casa y de mi familia. Todos estos síntomas son difusos y, en verdad, podrían ser signo de todo y de nada a la vez. Yo pensaba que eso de la deficiencia de vitamina D no era tan grave y debo admitir que la primera vez que oí hablar de ello pensé que a mí nunca me pasaría. Pero en una visita al médico por una infección estomacal (la segunda en menos de un mes), el doctor me mandó una analítica de sangre y, en cuanto estuvieron los resultados, ya no cabía duda: me encontraba en deficiencia de vitamina D, con un valor de 18 ng/mL (<20 ng/mL), por debajo de lo que el National Institutes of Health considera normal. Me han recetado suplementar una cápsula por mes; hasta el momento llevo dos tomas. Y no quisiera yo darle todo el crédito de mis malestares —ni de mis bienestares— a la vitamina D, pero sí es verdad que desde que la tomo a rajatabla, como lo ha mandado el doctor, me he sentido mejor y no me he vuelto a enfermar, lo cual ya es ganancia. Esta es mi experiencia personal de cómo pasé un mal rato brincando de enfermedad en enfermedad. No es mi intención recomendarte que tomes suplementos de vitamina D sin recomendación ni supervisión médica (ni de vitamina D ni de otra cosa, vaya). Pero sí es mi intención que, si te has sentido identificada con alguno de los síntomas que comparto aquí, consideres ir a revisión con tu doctor. La deficiencia de vitamina D es relativamente frecuente en personas de Latinoamérica que migran a Europa. Esto se debe principalmente a que damos un giro de 180 grados en nuestro estilo de vida: cambios en la dieta, menos alimentos fortificados y ricos en vitaminas y minerales, y menos exposición a la luz solar diaria —que es la que ayuda a sintetizar esta vitamina—. Pasamos más tiempo en interiores (por trabajo, estudios o simplemente por el clima frío) y, claro, está el hecho de que el sol se mete a las cuatro de la tarde. Y recuerda siempre que no estás sola en este viaje llamado migración. A veces el cuerpo también resiente los cambios, el clima, la distancia y todo lo que dejamos atrás. Y aunque muchas veces lo atravesamos en silencio, somos muchas las que estamos aprendiendo a habitar nuevos lugares, nuevos inviernos y nuevas versiones de nosotras mismas
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