El duelo climático: Nostalgia silenciosa, pérdida invisible.
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- hace 3 días
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Por Elizabeth Martínez

Mucho hemos escuchado, leído y hablado sobre el duelo migratorio. En general, lo entendemos como un proceso de pérdidas múltiples: idioma, cultura, redes sociales (entiéndase como redes de apoyo y afecto), estatus, etc.
Sin embargo, dentro de estas pérdidas aparece una dimensión poco visible, o tal vez menos escuchada: la pérdida del clima y del paisaje de origen.
Nos encontramos ante otras temperaturas, otra luminosidad, una vegetación diferente y muchas veces, incluso otros sonidos ambientales.
El migrante no solo pierde un territorio social, sino también un ecosistema emocional.
¿Cómo podemos describir el vínculo afectivo que se genera entre las personas y el entorno físico? Traemos con nosotras toda esa memoria plasmada en cada una de nuestras células.
Les comparto una experiencia cotidiana. Cuando pienso en marzo, por ejemplo, para mí huele a hojas secas. Mi mente y mi cuerpo sienten que es momento de abrigarse y que debemos prepararnos para “iniciar” el año. Cuando llega junio, en cambio, me cuesta asimilar que se inicia el verano. Con sólo nombrar el mes, viene a mi mente la lluvia y el viento que, al otro lado del mundo —en el otro hemisferio— golpea estrepitosamente los techos. El olor a tierra mojada me inunda, casi puedo sentir las gotas en mi piel. Mi nariz se pone en alerta, pero por mucho que agudiza el sentido del olfato, no encuentra ese aroma húmedo.
Mi cerebro y mi cuerpo se confunden.
Hay olor a primavera, pero es marzo.
Hay olor a verano, pero es junio.
En antropología se habla de identidad climática, puesto que las personas internalizan el clima de su lugar de origen. Esta experiencia suele describirse como pérdida sensorial. Una pérdida más que se suma a las muchas que acompañan la migración.
Cuando una persona se traslada a una latitud distinta, especialmente en Europa del norte, el contraste puede ser intenso. El duelo climático suele manifestarse a través de emociones sutiles: nostalgia sensorial, desorientación estacional, melancolía paisajística.
A diferencia de otros duelos, este reaparece cada año. Algunos psicólogos lo consideran un duelo estacional recurrente. Con el tiempo, el cerebro crea nuevas asociaciones. No obstante, el recuerdo original permanece intacto.
Hay muchas formas de intentar familiarizarse a estos cambios. Podemos construir nuevas comunidades, crear nuevos rituales para adaptarnos y aprender a habitar este nuevo paisaje.
Sin embargo, por encima de todo, aprendemos a habitarnos nosotras mismas. A habitar el espacio que somos.








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