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La comunidad es diversa y llena de historias, servicios y aprendizajes. Estos son los resultados que mejor se ajustan a lo que buscas.

84 resultados encontrados

  • Un año en Avaaz y una nueva campaña que necesita de nosotras.

    Hace exactamente un año entré a trabajar en Avaaz, una organización que impulsa movimientos ciudadanos a nivel global. Somos más de 120 personas trabajando desde distintos rincones del mundo, unidas por una misma convicción: defender los derechos humanos y el medio ambiente. Desde el primer día sentí una conexión muy especial con esta comunidad. Además, este trabajo llegó a mí gracias a mi querida amiga Nax Lozano: una mujer brillante, con un corazón enorme, que además está detrás de la moderación y seguridad de nuestra comunidad en chats y grupos de Facebook. Durante este año hemos realizado algunas iniciativas que han involucrado a nuestra comunidad, pero una de las cosas más hermosas que he podido observar es su enorme capacidad de solidaridad. He visto cómo se movilizan para apoyar a otras mujeres, a personas que atraviesan situaciones injustas y a comunidades que necesitan ser escuchadas. Me alegra profundamente que esta comunidad refleje valores como la empatía, la unión y el interés por el bienestar colectivo. No solo pensamos en nosotras mismas, sino también en quienes nos rodean y, por supuesto, en las personas que hemos dejado en nuestros países de origen. Por eso hoy quiero compartirles algo que me emociona mucho. Un grupo formado por cuatro mexicanos y mexicanas, una brasileña y una española estamos trabajando para visibilizar y movilizar más campañas que beneficien e impacten positivamente a nuestros países. Ana Sofía, Miguel, Lilian, Inés, Nax y yo (Liz). ¿Cómo funciona Avaaz? Lo explicaré de manera sencilla. En Avaaz existen peticiones ciudadanas que cualquier persona puede crear. Cuando una petición comienza a generar un interés significativo a nivel nacional o internacional, el equipo puede respaldarla con mayor visibilidad y, cuando es estratégico y necesario, incluso con recursos económicos para fortalecer la campaña. Les daré un ejemplo. Justo cuando yo comenzaba a trabajar en Avaaz, la organización apoyó a un grupo de activistas afganas que estaban siendo amenazadas por el régimen talibán. Avaaz colaboró en la búsqueda de asilo para ellas y sus familias en Brasil. Todo el trabajo detrás de una acción así es enorme y bastante complejo. Dentro de Avaaz trabajan especialistas en derechos humanos, incidencia política, geopolítica, activismo digital, comunicación y estrategias de movilización, entre muchas otras áreas. Gracias a ello, las campañas no se limitan a recolectar firmas. De hecho, muchas veces las peticiones logran ejercer presión real sobre gobiernos, instituciones o actores con poder. Les comparto un ejemplo personal. Hace unos ocho meses les pedí apoyo para una campaña relacionada con mi prima. Su exesposo, una persona influyente en su ciudad, había ejercido violencia contra ella y sus hijos, además de amenazar con quitárselos. Gracias al apoyo recibido, la petición llegó a medios de comunicación y generó suficiente presión pública para que él retirara sus amenazas y modificara su comportamiento. Ese es el poder de la movilización ciudadana cuando muchas personas deciden actuar juntas. Y por supuesto, existen las campañas de urgencia global que apoyan a circunstancias de suma injusticia en países como Sudán, Irán, Palestina, o zonas como el Amazonas, etc. Hoy necesitamos su apoyo Nax y yo, junto con el grupo que les mencioné anteriormente, estamos impulsando una campaña para defender la Bahía de Ohuira, en Topolobampo, México. Por eso vuelvo a pedirles su apoyo. Si esta campaña logra generar interés y visibilidad, podremos dar los siguientes pasos: amplificarla en Alemania, traducirla y difundirla en alemán, acercarla a medios de comunicación y construir acciones más grandes que ayuden a ejercer presión internacional. Cada firma cuenta. Cada persona que comparte la campaña ayuda a que más gente conozca lo que está ocurriendo. Por favor, ayúdennos firmando y difundiendo esta petición: www.avaaz.org/ohuira Gracias por leerme. Quería compartir con ustedes el corazón y la razón que hay detrás de una acción como esta, y por qué sigo creyendo que cuando las personas nos organizamos, podemos generar cambios reales. Con cariño, Liz

  • Cartas desde allá

    Berlín, ...8 de ........ de ............... Querida tierra donde nací: Vives en mi memoria, en un lugar al que ya raras veces voy. Y al visitarte, se siente como pisar el Badematte después de la ducha: reconfortante, cálido y tierno. Eres ese rincón inexpugnable de los días mentolados de la juventud. Sostienes mis memorias más cristalinas, de cuando aún no me quemaba en la hoguera del mundo. Eres tierra negra, fértil y férrea que ha resistido lo que propios y extraños le han hecho. Estoica. Resiliente. Magnánima. Después de siglos de atropellos, nos sigues dando mangos, papayas, cocos y aguacates tan deliciosos con los que quienes nacen en esta orilla solo pueden soñar. Aun sigues ofreciendo flores para alegrar tristezas, aun sigues sosteniendo a quienes no te han devuelto nada. Toman de ti para sí y no lo comparten ni lo devuelven. Te veo ahora desde lejos y me traspasa la idea de que he visto cómo te has convertido en la perla en la boca de los cerdos. Me dueles en el ahora y me dueles en la memoria. Me duele el saber que nunca pude hacer nada por ti. Me duele no saber si algún día podre hacer algo por ti. He empezado por irme, a ver si así primero puedo hacer algo por mí. Si supieras tu cuan lejos me han llevado mis pies. La tierra de aquí guarda otras historias y otros secretos. Cuenta cuentos grises verdes y rojos. La tierra aquí está gastada, se siente raída, envejecida, descolorida, exhausta. Como que ha bajado los brazos y se ha resignado nada mas a estar. A vernos pisarla. A ver la historia desfilar y esperar a ver lo inevitable pasar. Vienen las estaciones y se van. Te contaré también que a esta tierra le han escrito canciones y le han dedicado versos que ya no se recuerdan ni se dicen. Aquí también la han pisoteado, han tomado todo lo que han podido para sí y no estoy tan segura de si han devuelto algo a cambio. Pienso en lo lejos que he llegado e inevitablemente pienso en ti. Pienso en esta historia que estoy escribiendo ahora desde otro lugar tan distinto, y te abrazo con todas mis fuerzas para que el trajín inútil del día entre trenes amarillos no me arranque los recuerdos tuyos que tengo tatuados en el corazón. Con el tiempo, he olvidado el olor del cilantro recién cortado. Ya no recuerdo el canto del colibrí ni el llamado del vendedor ambulante. Me he hecho el propósito de escribirte mas a menudo, en un intento de no olvidarte. En un intento de contar lo que has sido para mí, lo orgullosa que estoy de haber nacido en tus costas, de haber comido tu comida y haber soñado en tus cielos. Espero que sigas estando tan brillante como te recuerdo. Yo sigo estando tan valiente como me hiciste. Hasta la proxima carta. Tu ciudadana.

  • ¿Alemania rompe parejas o sólo acelera lo inevitable? 🇩🇪✈️💔

    Cuando una pareja hispana decide migrar a Alemania, mete en la maleta la ilusión de un futuro mejor. Pero el choque con un sistema híper-pragmático, predecible y directo no sólo cambia sus coordenadas geográficas, sino también su biología y su tablero relacional. Muchos creen que la relación se acabó porque "se enfrió el amor", pero desde la psicología clínica y la Psiconeuroinmunología (PNI), lo que realmente ocurre es un colapso sistémico: 1️⃣ Agotamiento Biológico (Cortisol al límite): El esfuerzo neurocognitivo de adaptarte a un idioma estructurado, la burocracia inflexible y la falta de sol en invierno mantienen tu sistema nervioso en modo "supervivencia". Cuando estás agotado, tu amígdala cerebral se hiperactiva y se drena la empatía. No es que no quieras contener a tu pareja, es que tu cuerpo apenas tiene energía para contener tu propio duelo migratorio. 2️⃣ La Trampa del Triángulo de Karpman: Al perder la red de apoyo familiar, la pareja se aísla de forma simbiótica. Si uno de los dos aprende el idioma más rápido o entiende antes los trámites (Anmeldung, Krankenkasse), asume automáticamente el rol de Salvador. ¿El problema? El Salvador se cansa de cargar con la inadaptación del otro y se vuelve Perseguidor. Quien se queda rezagado se encierra en el "esto es lo que me tocó", asumiendo el rol de Víctima. El amor se transforma en resentimiento. 3️⃣ El Espejo de la Eficiencia: El sistema alemán es neutral: evalúa conductas y resultados, no historias tristes. Muchas personas, al perder su estatus profesional o su identidad previa en este entorno frío, proyectan esa frustración en el cónyuge, exigiéndole la validación que el país exterior no les está dando. La buena noticia: Alemania no rompe parejas. Alemania es un acelerador que expone los roles disfuncionales y las dependencias que ya existían, pero que en nuestro entorno de origen estaban camufladas por la rutina o el apoyo familiar. Si estás viviendo este proceso, la solución no es el drama ni la resignación. La salida es científica: regular el sistema nervioso, desmantelar los roles de dependencia y aprender a comunicarse.

  • Celebrar la No-Maternidad

    Sé que no necesito permiso para contar mi propia historia. Por eso hoy después de trabajo terapéutico puesto en práctica, muestro lo bien que se siente: Fui criada en un hogar con muchas contradicciones. Con dos figuras de autoridad que mantenían una guerra de poderes, donde decirle que Sí a uno era desobedecer al otro, donde mostrar afecto o preferencia por uno era traicionar al otro. Donde uno me utilizaba como escudo contra la rabia del otro, y donde el otro me utilizaba como soporte físico y emocional sin tener discapacidad de ningún tipo, sólo se acostumbró a depender. Al cumplir la mayoría de edad y recién graduarme de bachillerato, escuché esta frase de sentencia-condena: “Cuando Ana trabaje, nos mudamos de aquí”. Lo dijo la misma persona que trabajó muy poco, otros adultos le resolvían sus diligencias y pagaban hasta la crianza de sus hijos porque “por culpa de Fulano y Mengano yo no he logrado nada”. Yo no era una hija, era un Proyecto de Inversión a largo plazo. Es decir, cualquier cosa que yo quisiera con mi futuro sueldo: ropa, zapatos, algún gusto, sería imposible porque ya me habían asignado como la nueva proveedora, sin consultarme. No es casualidad o mala suerte que, desde los 14 años de edad, tengo Artritis Reumatoidea. Y para quienes quieran decirme: “Dices todo eso pero después quizás esperes alguna herencia”… Esta es mi verdadera herencia: una enfermedad autoinmune por estrés, manipulación y desvalorización. La verdadera herencia es la Programación Inconsciente, no el dinero, las casas ni nada más. Si el ejemplo de maternidad que vi fue este: “dejé la universidad que era mi sueño, para tenerte a ti”, “me quité la comida de la boca (comida que no compró porque eligió depender de otros) para dártela a ti”, “ten hijos para no quedarte sola”, “cuando seas mayor de edad serás la curadora legal de tu hermana porque no sé que pueda pasarme a mí (parentificación y robo de futura adultez)”… ¿Con qué ganas voy a invertir tiempo y dinero en alguien más que no sea yo? Hoy aunque todavía tengo asuntos puntuales en resolución, puedo decir que celebro el hecho de haber sido el cortafuegos de tanta “mala vida” en mi linaje. Y también el hecho de haber elegido como esposo a alguien que tampoco quiere tener hijos. Y si alguien va a comentar algo como esto: “Una madre mantiene diez hijos, pero diez hijos no mantienen una madre”, o “primero los crían y después los hijos esperan recibir herencia”: ¿Esa madre eligió tenerlos, o la obligaron? ¿Esa madre los mantuvo, o sólo gestionó recursos de otros y vivió de excusas? ¿Esa madre crió hijos, o futuros proveedores sin derecho de elegir cómo gestionar sus futuros recursos? ¿Esa madre tuvo una vida de la que sus hijos se sienten orgullosos hoy, o sólo sigue inspirando lástima y/o resentimiento? Desde hace tres años y medio vivo en Alemania, construyendo la vida que realmente quiero y con quien quiero, libre de imposiciones y manipulaciones, sin hijos biológicos pero con muchos proyectos que suman y apoyar, desde mi profesión en salud mental, a otras personas.

  • Alemania ha sido mi oasis de paz

    Llegué a este país sola con mis hijos, una maleta cada uno y la esperanza de empezar una vida sin miedo. No teníamos red de apoyo. Solo nosotros tres. Vengo de Venezuela. Todos sabemos la crisis política, social y económica que vive Venezuela, pero además de todo eso, yo estaba rota. Por 7 años viví con un narcisista que casi me quita la vida y logré sobrevivir. Escribo estas palabras porque sé que en Alemania muchas mujeres latinas están en relaciones abusivas. Pero lo peor no es eso. Lo peor es que llevan años así y no piden ayuda hasta que es demasiado tarde. Los patrones que llevamos sin saberlo En Latinoamérica es común ver relaciones machistas, donde el hombre se impone. Si creciste en un ambiente así, puedes estar repitiendo patrones inconscientes sin darte cuenta. Y hay algo más que pasa al migrar: muchas latinas idealizan al hombre europeo. Piensan que por ser de aquí va a ser distinto, más respetuoso, más equilibrado. Y muchos de ellos lo saben. Saben que llegamos solas, vulnerables, sin red, queriendo creer que esta vez sí. Y se aprovechan de eso. Puede ser más de lo mismo con diferente nacionalidad, e incluso peor. La violencia financiera, el quitarte el pasaporte, el amenazarte con los niños, todo eso también es violencia. En mi caso no fue un europeo, pero eso no es cuestión de nacionalidad, es cuestión de personalidad, de traumas, de problemas mentales, no lo sé. Lo que sí sé es que los hay en todo el mundo. No necesitas un salvador El hombre te ofrece villas y castillos. Te dice que se encargará de todo, te lleva a su casa. Tú eres extranjera, vulnerable, te sientes desvalida. Eso te hace presa fácil. Pero escúchame bien: no necesitas un salvador. No necesitas que nadie se encargue de ti. Solotú puedes y debes hacer eso. Cuando una mujer entiende que tiene que empoderarse, tomar las riendas de su vida y huir del "salvador", deja de ser presa fácil para este tipo de hombres. El verdadero trabajo viene después Yo pensaba que el problema era él. Que era manipulador, que era cruel, que era enfermo. Y todo eso era verdad. Pero esa verdad no me liberó. Me mantuvo girando alrededor de él durante años, viviendo en el modo víctima. Entendí que no se trataba de él, se trataba de mí. De los patrones que aprendí, de lo que vi, de lo que viví, de lo que estaba programado en mi subconsciente. Si no entendemos qué nos llevó a aceptar lo que aceptamos, lo repetimos. Por eso es tan importante mirar hacia adentro, no solo hacia afuera. A estas conclusiones llegué sola, leyendo. Me llevó muchos años, y sanarlo también. Leí mucho a Joe Dispenza (todos sus libros), "La biología de la creencia" de Bruce Lipton, libros de Gregg Braden y otros autores. Entendí que todo está en uno mismo, no afuera. La decisión de cambiar es individual. No podemos cambiar a nadie, solo a nosotros. No puedes controlar lo que hagan los demás, pero sí lo que haces tú, lo que piensas tú, cómo te hablas, cómo eliges. Nadie quiere ver sus sombras. Pero cuando logras identificarlas, no vuelves a caer. Entendí que no se trataba de él, se trataba de mí. De los patrones que aprendí, de lo que vi, de lo que viví, de lo que estaba programado en mi subconsciente. Si no entendemos qué nos llevó a aceptar lo que aceptamos, lo repetimos. Por eso es tan importante mirar hacia adentro, no solo hacia afuera. Las mujeres tenemos una herida generacional de silencio. Por años nos han mantenido calladas y sumisas, y no sé si eso va pasando de generación en generación: "no digas nada", "calladita te ves más bonita", "es tu marido, le debes respeto", "mantén el matrimonio, es el padre de tus hijos, no lo puedes denunciar". Y así pasan los años. Las primeras que dicen eso son las mamás a las hijas. Y si ese es el ejemplo, imagínate. Cada mujer debe tomar las riendas de su vida. Aprender una profesión o un oficio que le dé ingresos. No depender de nadie. Cuidar y proteger a sus hijos. Y hablar. Denunciar. No pueden seguir callando. El mundo está lleno de familias rotas, niños traumatizados, adolescentes solos. Y después dicen que no saben por qué son así. Las señales y la acción En Alemania, las cifras de violencia contra mujeres migrantes son altas. Lo dicen los reportes, lo dicen las trabajadoras sociales. Son cifras importantes que hay que conocer y nombrar. No quieras ser parte de las estadísticas. Toma acción antes de que sea demasiado tarde, porque ellos no atacan de un día para otro: dan señales claras. Identifica las señales y apártate. ¿No tienes a dónde ir? En Alemania siempre hay a dónde ir. ¿Y sabes algo? Cuando llegamos, llegamos a un refugio. Sí, de esos que todos dicen que son horribles y mil cosas más. Escuchaba a la gente quejarse. Yo solo podía pensar: GRACIAS. Tengo un techo, comida, seguridad y paz. Por fin puedo dormir. Después de años, pude dormir. Quítale el poder En este país hay lugares de apoyo, refugios, leyes. No te quedes callada. Él te quiere callada, sumisa. Quítale el poder. Tú eres la única dueña de tu vida. No permitas que te anule. Por eso le debo tanto a este país. Alemania me dio lo que por años busqué. Sí, son burocráticos, exigentes. No me importa. Hago lo que necesiten que haga, cumplo con lo que me piden. Son sus reglas. Y gracias a ellas hoy estoy aquí escribiendo esto. Después de 10 años de haber sobrevivido a esa relación que marcó mi vida, decidí contar mi historia, para desde mi experiencia ayudar a todas aquellas mujeres con las que resuene. No se trata de feminismo, ni de narcisismo. Se trata de ti. Adriana C es autora del libro "La Llamada de Atención: Una historia real de abuso narcisista y transformación personal", disponible en Amazon en formato Kindle y tapa blanda.

  • HABITAR LA DISTANCIA; integrarse sin pertenecer

    “La mujer detrás del mostrador cambia al inglés en cuanto detecta mi acento. No lo hace para ser descortés, sino por eficiencia. Quiere avanzar, resolver, cerrar la interacción. Yo asiento, respondo, sigo el ritmo. Todo funciona. Todo está en orden. Respondo en inglés casi por inercia, pensando que así facilitamos en intercambio. Y, sin embargo, en ese gesto mínimo, algo se vuelve evidente: la extranjera sigo siendo yo.” Por Elizabeth Martínez ¿Cuánto tiempo se necesita para integrarse en una sociedad extranjera? ¿Cuánto necesitamos nosotras —como mujeres, como madres, como latinas— para sentir que realmente pertenecemos? Migrar comienza como un acto de decisión. Salimos de nuestros países dispuestas a enfrentar lo que venga. Con el tiempo, algo cambia: esa decisión se vuelve cotidiana y empezamos a sentir el peso de sostenerla. Alemania es hoy nuestra realidad. Un país que ofrece oportunidades, pero que al mismo tiempo exige adaptación constante. En medio de este proceso, la pregunta persiste, ¿es realmente posible integrarse? La integración como exigencia El primer obstáculo es evidente: el idioma. Para muchas, integrarse se traduce en alcanzar un nivel B1, B2, a veces C1, en algunos casos hasta C2. En teoría, dominar el alemán abre puertas: permite trabajar, entender las normas y desenvolverse en la vida diaria. En la práctica, es una montaña empinada y difícil de escalar. Incluso con un nivel avanzado, persiste la sensación de no comprender del todo. Hay matices que se escapan, códigos implícitos que no se enseñan en ningún curso. En espacios académicos, esa distancia se vuelve aún más evidente: a veces parece que se necesitara un nivel aún superior, inexistente, para estar realmente a la altura. A esto se suma el reconocimiento académico. Títulos que en nuestros países representaron años de esfuerzo no siempre tienen el mismo valor aquí. La homologación, cuando existe, rara vez equivale a un reconocimiento pleno. Sin idioma consolidado ni validación profesional, el acceso al mercado laboral se limita. Aparece una constante en muchas trayectorias migrantes: la necesidad de reinventarse. Aprender a sostenerse Mientras estos procesos avanzan —lentos y burocráticos— hay que vivir. Y vivir implica ajustar las expectativas a la urgencia. Trabajos de limpieza, cuidado de niños, trabajos por horas o con turnos aparecen rápido y permiten sostenerse, aunque no formen parte del proyecto inicial. Exigen adaptación, resistencia y una disposición a habitar espacios ajenos. Hay un componente silencioso en esto: la carga emocional. Trabajar en la intimidad de otros significa aprender reglas no dichas, observar, no incomodar, hacer bien el trabajo sin ocupar demasiado lugar. No se trata de desvalorizar estas tareas —todo trabajo es digno— sino de reconocer la distancia entre la vida imaginada y la que efectivamente estamos construyendo. Y, casi sin darse cuenta, comenzamos a tejer redes, otras mujeres, otras historias, otros acentos, vínculos que no necesitan demasiadas explicaciones. Integrarse no es pertenecer Con el tiempo, una distinción se vuelve inevitable: integrarse no es lo mismo que pertenecer. Una persona puede cumplir con todo lo esperado —trabajo estable, impuestos al día, contrato de alquiler— y, aun así, sentirse fuera de lugar. Funciona, pero no pertenece. No se trata solo de entender cómo funcionan las cosas, sino sentirse parte de ellas. Los códigos sociales juegan un papel central. No se aprenden en cursos ni se certifican con exámenes. Se incorporan con el tiempo, a fuerza de ensayo y error: la puntualidad estricta, la comunicación directa, cierta distancia en lo interpersonal, la relación casi ritual con la burocracia. Reglas no escritas que organizan la vida cotidiana. Y, sin embargo, la distancia aparece en situaciones mínimas. La manera en que alguien responde —o no responde— en una interacción mínima. La rapidez con la que una conversación cambia al inglés al detectar un acento. La falta de paciencia ante un error lingüístico. Son señales sutiles, pero persistentes, que recuerdan constantemente la posición que se ocupa. La identidad en tránsito La integración nunca es un proceso unilateral. No depende únicamente del esfuerzo de quien llega, sino también de la disposición de quien recibe. Existe una expectativa implícita: adaptarse sin incomodar, participar sin cuestionar demasiado, encajar sin alterar el equilibrio. Con el tiempo, ocurren cambios; incorporamos nuevos hábitos, los mencionados códigos. La puntualidad deja de ser un esfuerzo y la planificación se vuelve natural. La forma de habitar el espacio público cambia: se habla más bajo, se observa más, se interviene menos. No obstante, no se deja de ser quién se era. No se llega a ser completamente otra persona, pero tampoco se permanece intacta. Quizás, entonces, integrarse no sea una meta, sino un proceso constante de cambio y evolución: un equilibrio inestable entre adaptarse y reconstruirse, entre pertenecer y habitar la distancia. ¿Cuánto de esto has experimentado tú?

  • Cartas desde allá

    Berlín, X de............... de 199x Querida primita: Hace frío. Cuando te digo que hace frío, tu pensarás en el frío del páramo a 2.800 metros de altura cuando íbamos a la labor social del programa de la universidad. Después de horas de bus y varios minutos de mula, llegábamos a la sopita con queso local. O te acordarás de esas mañanas cronometradas en las que íbamos a saltos y brincos al colegio. ¿Te acuerdas de esas veces cuando nos poníamos un pantaloncillo de ciclista por debajo de la falda del colegio para tener un poco más de tela entre la banca y nosotras? El chocolate caliente del bar del abrigaba las manos y calmaba el antojo de algo dulce, pero jamás abrigaba las piernas o las ganas de estudiar. Siempre pensé que la falda era una prenda sinsentido para las niñas y jóvenes en edad escolar. Recuerdo que mi día favorito era el viernes porque llevábamos el uniforme de deportes: una se podía sentar en el piso, cruzar las piernas, correr… y además los zapatos de deporte le daban a una un aire de espontaneidad que tengo impregnado hasta el día de hoy. Con esos zapatos sentía que no me podía equivocar, y que podía seguir caminando hasta que ya no haya más calles que caminar. Tampoco es ese frío teñido de esa esperanza rumbera que nos acompañaba las noches que esperábamos en la fila de los clubs con el suspenso de saber cuál sería la conquista de la noche. Tampoco es el frío de cuando nos cayó el aguacero después del almuerzo y solo teníamos los cuadernos de la universidad, porque pensábamos que llevar paraguas en el bolso era cosa de señoras cuarentonas. Este es un frío ajeno, siento claramente que no es mi frío. Es un frío que ha pasado tantas veces por aquí, es un frío viejo, pero para mí es nuevo. Se siente sucio y rancio, cansado de tener que volver cada año, así no quiera, como nosotras íbamos al colegio. Huele añejo, muerde. Te cae como un gaznatón detrás de la puerta: cuando sales a la calle parece que entras al refrigerador. Gracias a él me he enterado que hay partes de mi cuerpo que también están vivas: los bordes de las orejas, el borde de los glúteos, los dedos de los pies y las unas de las manos. Pero también he sentido los bíceps y los gemelos fuera del gimnasio: ¡la ropa pesa! Este frío pone también a prueba la resistencia cardiaca. Recuerdo que siempre admiré tu entereza cuando veíamos películas de terror para tratar de contrarrestar las decepciones amorosas en esa suerte de ecuación empírica que inventamos, donde más adrenalina y sentimientos inquietantes significaban distracción del corazón de esa pena. Yo me cubría los ojos para no tener pesadillas después. Pues, sabes que al final no me libré de esa ducha de adrenalina que, en este frío, de paso te endereza la espina dorsal sin tener que ir al quiropráctico. Con un resbalón en el hielo, al mismo tiempo haces estiramiento de párpados prima: te hace abrir los ojos hasta el límite. Por suerte, en el peor resbalón que he tenido no había mucha gente alrededor así que salvé las apariencias. Escríbeme pronto. ¿Cómo está la abuelita? Con mucho cariño, te envío un abrazo desde este frio ajeno. Tu prima.

  • Depresión Post-Visita

    Esa sensación de revivir la partida de tu país cada vez que visitas a tu familia, o que ellos te visitan. Estás en el aeropuerto, emocionadísima, contando los minutos para que aparezca por la puerta de "Llegadas" tu mamá, tu papá, tu mejor amiga, o un ser querido. El corazón te late tan rápido que hasta pareciera que las personas a tu alrededor lo pueden escuchar. ¡Que emoción! ¡Que nervios! Y que ganas de abrazar a tus seres queridos! De verdad que son lindas las visitas, ya sea que tu vayas a verlos o que ellos vengan a verte. Tantos temas por platicar, tantas preguntas! ¿Cómo están todos en casa? Qué tal el viaje? Tantos temas por platicar, tantas preguntas! ¿Cómo están todos en casa? Qué tal el viaje? ¿Cómo pasaron.... la Navidad / la boda de Fulanito / el cumpleaños 96 de la abuelita, etc... El tiempo no parece ser suficiente para ponerse al día. Igual tus seres queridos querrán saber todo de ti, y de tus aventuras en Alemania: ¿Y cómo te tratan en el trabajo?, ¿Cómo son tus vecinos?, ¿Y si son racistas los alemanes?, ¿Cómo vas con el idioma?... Pff!! Algunas de sus preguntas son mucho más complicadas de responder de lo que pareciera. Todo es alegría y felicidad hasta empezamos a notar las diferencias...¿Diferencias en qué? En nuestra personalidad, o en la de nuestros seres queridos, en nuestras opiniones, hasta de costumbres! Finalmente mucho o poquito pero el tiempo ha pasado, y de una forma y otra tanto ellos como nosotros hemos cambiado. Igual los queremos y estamos felices de verlos, pero a veces una reacción a un comentario muy inocente sobre el clima por ejemplo, pone en evidencia el inevitable hecho que hemos cambiado. Son esos mini-episodios e interacciones que nos dejan ver más de lo que nos hemos perdido al no vivir en nuestro país. Finalmente no solo nos perdimos la boda de Fulanito, o el cumpleaños 96 de la abuelita, también nos perdimos un cúmulo de experiencias que bien pudieron ser tristes, difíciles o alegres y satisfactorias; y que fueron moldeando nuestra realidad, y nuestra personalidad, y el cómo reaccionamos a ciertas situaciones. ...es justamente parte de mis intenciones de una vista de o a los familiares, que tengo, el procurar ponerme al día no solo en los eventos sociales y triviales, sino intentar saber de verdad cómo están En mi caso, es justamente parte de mis intenciones de una vista de o a los familiares, que tengo, el procurar ponerme al día no solo en los eventos sociales y triviales, sino intentar saber de verdad cómo están, cómo se sienten, si algo los preocupa... porque justamente esa es la parte que más me duele perderme. No me malentiendan, me hubiera encantado estar presente en las bodas de dos de mis primos, y bailar toda la noche, pero más me encantaría estar allí para abrazar a mi papás si están teniendo un día difícil, o a mi abuelita si está enferma, o escuchar a mi amiga contar historias de su perrito que no anda muy bien. En todos esos momentos es en los que pienso cuando días después la visita llega a su fin, y estamos de nuevo en el aeropuerto, despidiéndonos, con el corazón desbordándose de emociones. En cierta forma es como revivir una vez más el día que salí de México a empezar una nueva vida en Alemania. Pidiendo lo mejor para mi familia y mis seres queridos, y empezando un conteo para la próxima vez que pueda verlos. Creo que todos quienes estamos en la misma situación podemos confirmar que despedirse de la familia y amigos, es un poquito más fácil cuando ya se tiene una fecha para verlos de nuevo (¡así falten meses! siempre será mejor que no saber). De allí mi hábito de revisar frecuentemente si hay descuentos en vuelos a casa, o para que vengan a visitarme! Amigos y familia: perdón por el spam pero mandarles promociones de vuelos es parte de mi visualización y deseo de verlos! Finalmente, el tener o no una fecha concreta para visitarlos o que nos visiten, es como una muletilla, que no garantiza que no nos vayamos a perder momentos importantes de nuestros seres queridos, sino que nos da algo de paz y la ilusión de verlos de nuevo, nos reconforta. Este año decidí "prepararme" para enfrentar la "depresión post-visita", con lo mejor que se me pudo ocurrir... centrarme en vivir el momento. Si bien, la vez anterior que mis papás me visitaron, me quedé muy tristona y apachurrada tras su partida, esta vez me propuse a estar presente. Ya que se llegaron los últimos dos días, sentí como me entraba la angustia, pero en vez de caer en la emoción, pensé "¡Mis papás están aquí! Que afortunada soy!" los abrace tantas veces pude, platicamos, aproveche para recordarles lo mucho que los quiero y los admiro, y les agradecí la vida entera literal. Obviamente esto fue mucho más fácil en los días previos a que se llegara la despedida del aeropuerto, pero aún así yo seguí muy comprometida con la causa de vivir el presente, incluso cuando se me estrujaba el corazón y ya era hora de "despedirse bien" para que los viajeros pudieran seguir por el security-check del aeropuerto. Y así me cayó el veinte, que de ese instante se trata la vida... Y así me cayó el veinte, que de ese instante se trata la vida. Aun cuando yo sabía que 2 minutos después ellos iban a pasar por el security-check para seguir su camino hacía la sala de espera, y el resto de su viaje de regreso... a mi todavía me quedaban esos 2 minutos de poder decir: " ¡Mis papás están aquí! Que afortunada soy! ". En verdad que en la vida no la pasamos viendo al futuro, " la próxima semana tengo que hacer esto...", "hoy voy a cenar esto.." , "cuando vea a Fulanita le voy a decir que...", "mañana hago esto...", y en eso se nos van tesoros tan grandes como esos 2 minutos más de abrazar a nuestros seres queridos cuando están aquí . Igual lloré feo, cual Kim Kardashian, pero sentí menos tristeza en los días subsecuentes, en vez me sentí más tranquila. Así que con gusto les comparto a todas y todos quiénes potencialmente estarán en esta situación, este tan trillado y tan cierto consejo: disfruten el presente. xxx LuceBuona www.l-vi.com Ig: lvi_blog

  • Dirección y Estructura: la base del cambio real.

    En muchos espacios de orientación, desarrollo personal y trabajo comunitario, se repite una idea casi automática: todo se reduce a la autoestima. Sin embargo, cuando trabajamos con realidades complejas como migración, maternidad temprana, adaptación cultural o dinámicas familiares tensas esa explicación se queda corta. La experiencia práctica muestra algo distinto: las personas no cambian solo porque se sienten mejor, sino porque saben hacia dónde ir y cómo hacerlo. Ahí es donde entran dos elementos que suelen subestimarse: dirección y estructura.  El problema de fondo: cambio sin rumbo. Muchas intervenciones bien intencionadas se enfocan en: - validar emociones. - fortalecer la autoestima. - promover la reflexión. Y aunque eso es importante, suele faltar algo clave: claridad de objetivos pasos concretos para lograrlos. El resultado es frecuente: - personas que entienden su situación, pero no saben cómo cambiarla. - avances emocionales sin cambios conductuales sostenidos. - sensación de estancamiento a pesar del “trabajo personal”.  ¿Qué es dirección? La dirección responde a una pregunta simple pero poderosa: «¿Hacia dónde quiero ir exactamente?» No es un deseo general (“quiero estar mejor”), sino algo específico: - “quiero terminar mis estudios en 2 años” - “quiero establecer límites claros en mi relación” - “quiero lograr independencia económica” Tener dirección implica: - definir metas claras. - priorizar. - tomar decisiones coherentes. Sin dirección, incluso la motivación más alta se dispersa.  ¿Qué es estructura? La estructura es el “cómo” del cambio. Es lo que traduce una meta en acción: - hábitos - rutinas - límites - estrategias concretas Aquí es donde enfoques como el de han demostrado gran eficacia, al trabajar con: - pensamientos automáticos. - conductas específicas. - patrones repetitivos. La estructura permite: - pasar de la intención a la acción. - sostener cambios en el tiempo. - medir avances reales.  Cambios rápidos vs cambios sostenibles Existe un mito: que lo rápido no puede ser profundo. Pero en realidad: - los cambios pueden comenzar rápido cuando hay claridad. - se sostienen en el tiempo cuando hay estructura. Se necesita un mínimo de 21 días y un máximo de 264 días para crear y mantener un nuevo hábito. Por ejemplo: Una mujer migrante puede, en pocas semanas: - identificar creencias que la limitan (con guía de un profesional de la salud mental) - comenzar a poner límites - reorganizar su rutina Pero sostener eso en el tiempo dependerá de: - sistemas de apoyo - hábitos consolidados - consistencia en sus decisiones  En contextos latinos (y migrantes), esto es aún más importante Las mujeres latinas —especialmente en procesos migratorios como en Alemania— enfrentan múltiples capas: - cambios culturales. - redes de apoyo limitadas. - exigencias familiares. - presión económica. En este contexto, trabajar solo desde lo emocional no basta. Se necesita:  dirección clara en medio del cambio.  estructura para sostener decisiones en entornos nuevos.  Una invitación diferente Más allá de preguntarte “¿cómo me siento?”, prueba con: - ¿Qué quiero construir en mi vida en este momento? - ¿Qué decisión concreta puedo tomar esta semana? - ¿Qué estructura necesito para sostenerla? Porque al final, el bienestar no se trata solo de sentirse bien… sino de vivir con claridad, intención y coherencia.

  • ¿Está mi hijo preparado para la Grundschule? Lo que las madres latinas deben saber antes de que su hijo empiece el colegio en Alemania

    Empezar la escuela en Alemania puede generar muchas dudas en familias migrantes. Qué significa realmente estar preparado para la Grundschule  y por qué no se trata de saber leer o contar hasta 100. Si tu hijo o hija va a empezar la primaria, es muy posible que estas preguntas te ronden la cabeza durante el día… o incluso te quiten el sueño por la noche. ¿Estará preparado/a? ¿Se adaptará bien? ¿Voy a saber acompañarlo/a en un sistema escolar que no conozco? ¿Es un problema si no hablo muy bien alemán? La entrada en la escuela primaria —la Einschulung — es un momento muy importante en la infancia. Y en Alemania, además, es todo un acontecimiento familiar. Un ritual que empieza meses antes En el último año de Kindergarten , los niños pasan a ser Vorschulkinder . Son los mayores del grupo y reciben una atención especial: actividades preparatorias, visitas al colegio o pequeños proyectos pensados para esa transición. Los niños lo perciben. Sienten orgullo… y también algo de nervios. Después llegan algunos rituales muy alemanes que muchas familias extranjeras descubrimos con sorpresa: la elección de la Schulranze (la mochila escolar), la Schultüte , ese gran cono lleno de dulces y pequeños regalos, y finalmente la Einschulung , el primer día de colegio, que muchas familias celebran casi como un bautizo. Para muchas madres latinas todo esto puede resultar curioso. Incluso un poco exagerado al principio. Pero detrás de estos rituales hay algo más profundo. El gran cambio entre el Kindergarten y la escuela El Kindergarten alemán es muy diferente al preescolar en muchos países hispanohablantes. El foco está en el juego libre . Los niños exploran, imaginan, construyen, prueban. Dentro de ciertos límites marcados por los adultos, tienen bastante autonomía para elegir a qué jugar y cómo hacerlo. La escuela primaria introduce otra lógica. Aunque siguen existiendo el juego, la creatividad y las manualidades, aparece un elemento nuevo que empieza a organizar todo lo demás: el rendimiento. Durante los primeros cursos esto no siempre es evidente. Pero poco a poco la dinámica cambia. El momento en que las notas empiezan a seleccionar En Alemania, ya en tercer y cuarto curso de primaria  las notas comienzan a tener una gran importancia. Al final de cuarto, los niños reciben una recomendación escolar  ( Schullaufbahnempfehlung ). Es una orientación del profesorado sobre qué tipo de escuela secundaria sería más adecuado para el alumno. Dependiendo del estado federal, puede ser: Gymnasium, Realschule o Hauptschule (3 niveles educativos diferentes) Gesamtschule Detrás de esta estructura hay una idea muy arraigada en el sistema educativo alemán: que los alumnos con diferentes niveles de rendimiento sigan caminos escolares distintos. Por eso muchas familias perciben la primaria como una etapa decisiva. No es casualidad que exista un proverbio alemán que dice: “Mit der Schule fängt der Ernst des Lebens an.” Lo que se podría traducir libremente por "Con la entrada en el colegio la cosa se pone seria". La presión que muchos padres alemanes sienten Este contexto explica por qué palabras como Druck  (presión) o Stress  aparecen con frecuencia cuando se habla del colegio. Aunque oficialmente se repita que no hace falta preparar a los niños antes de empezar primaria , algunos padres comienzan igualmente a enseñar a leer, escribir o contar hasta 100 en casa. A veces dicen que es porque el niño lo pide. Pero muchas veces también hay otra razón: el miedo a que su hijo se quede atrás. ¿Y qué pasa con las familias latinas? Las familias latinas solemos percibir esa expectación y esa tensión. Pero no siempre entendemos de dónde viene. Algunas reaccionan quitándole importancia: “Bueno, es solo el colegio.” Otras, se suben a esa dinámica del estrés y la presión sin comprender del todo cómo funciona el sistema. Y en medio de todo eso aparece una pregunta muy humana: ¿Está mi hijo/hija realmente preparado/a para empezar la escuela? El sentimiento que aparece casi siempre: el miedo Cuando llega este momento, muchas madres empiezan a sentir algo muy común en la maternidad: el miedo. Miedo a que el niño no se adapte. Miedo a que tenga dificultades con el idioma. Miedo a que no encuentre amigos. Miedo a no saber cómo ayudarle. Incluso miedo a no estar a la altura como madre. Pero el miedo, como cualquier emoción, no es un enemigo. Es un mensajero . Nos señala que hay algo importante en juego: el bienestar y el futuro de nuestro hijo. Y también nos recuerda algo esencial: ningún niño empieza la escuela “perfectamente preparado”. La escuela es precisamente el lugar donde se aprende. Entonces… ¿está mi hijo/hija preparado/a? Tal vez la pregunta más útil no sea si tu hijo o hija ya sabe leer o escribir. La verdadera preparación para la escuela tiene más que ver con otras señales: curiosidad, capacidad de relacionarse con otros niños, confianza para pedir ayuda o estrategias para superar la frustración. Si te estás preguntando cómo observar estas señales con más calma y sin caer en comparaciones entre niños, aquí explico cinco claves que pueden ayudarte a saber si tu hijo está preparado para empezar primaria . Porque al final, la escuela no es una carrera que empieza el primer día de primaria. Es un camino largo. Y cada niño lo recorre a su propio ritmo. Sobre la autora: Lucía Uría  es coach educativa y cuenta con más de 20 años de experiencia docente. Vive en Alemania desde 1999 y es madre de tres hijos, lo que le permite conocer el sistema escolar tanto desde dentro del aula como desde la perspectiva de las familias. Acompaña a padres y madres cuando los deberes, el aprendizaje o el sistema educativo generan estrés en casa. Es fundadora de Schulglück  y creadora del programa Mind4Learn® für Schulen . Más información: coaching-schulglueck.com

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