Berlín también es nuestra casa
El día que llegué a Berlín entendí rápido, a veces a las malas, que aquí todo tiene reglas: separas la basura en cinco botes, el Bürgeramt se reserva con paciencia de santa y la mirada de la señora en el ubahn no tiene escapatoria. Pero tardé un poco más en entender otra cosa: esta ciudad no solo nos recibe; también se construye con nuestras decisiones.
Berlín será, para muchas de nosotras, el país donde crezcan nuestras hijas e hijos. El lugar donde irán al Kita, donde aprenderán alemán, español y quizá una mezcla maravillosa de ambos; donde se harán amigas, donde enfrentarán preguntas incómodas sobre su nombre, su acento o sus apellidos dobles. Y donde deberían poder vivir sin que nadie les haga sentir que pertenecen menos.
Por eso, cuando tenemos derecho a votar, votar no es un trámite. Es una responsabilidad vital. No porque tengamos que pensar igual ni apoyar una ideología concreta, sino porque participar es una forma de decir: aquí estamos, aquí contribuimos, aquí criamos, aquí trabajamos y aquí también decidimos.
Este domingo 20 de septiembre de 2026, Berlín elige un nuevo Parlamento regional (el Abgeordnetenhaus) y nuevas asambleas de distrito, las BVV. Y sí: sé que la papeleta, los nombres y las palabras larguísimas pueden dar más nervios que abrir una carta del Finanzamt. Pero vamos paso a paso, sin pánico y con cafecito (yo el mío lo he hecho de olla hoy).
¿Quién puede votar?
Para votar al Parlamento de Berlín necesitas tener ciudadanía alemana, tener al menos 16 años y haber vivido de forma ininterrumpida en Berlín durante al menos tres meses antes de la elección. Para esta convocatoria, eso significa haber tenido residencia en la ciudad desde, como muy tarde, el 20 de junio de 2026.
Para votar en la BVV, la asamblea política de tu distrito, como Neukölln, Friedrichshain-Kreuzberg o Pankow, también pueden votar las personas con ciudadanía de otro país de la Unión Europea que tengan al menos 16 años y residan en Berlín.
Esto deja fuera a muchas personas migrantes sin ciudadanía alemana ni de otro país de la UE. Es una exclusión democrática real: hay vecinas que trabajan, pagan impuestos, cuidan, emprenden y sostienen esta ciudad, pero no pueden decidir en las urnas. Si tú sí puedes votar, ese derecho pesa todavía más. Y si hoy no puedes, tu voz no desaparece: puedes informarte, conversar, organizarte, apoyar campañas, hacer preguntas a las candidaturas y acompañar a quienes sí tienen papeleta. Porque una cosa es no tener voto; otra muy distinta es no tener poder.
Dos cruces, mucho poder
En la elección al Parlamento de Berlín hay dos votos, en una sola papeleta:
Con la Erststimme (el primer voto) eliges a una persona candidata de tu distrito electoral. Berlín tiene 78 distritos electorales.
Con la Zweitstimme (el segundo voto) eliges un partido. Este segundo voto es el que determina principalmente cuántos escaños recibe cada partido en el Parlamento de Berlín.
Puedes votar a una candidata concreta con tu primer voto y a otro partido con tu segundo. Sí, amiga: se puede. No es traición, ni drama de telenovela política. Es usar las reglas del sistema con inteligencia.
En las elecciones de distrito (las BVV) hay un solo voto para una lista de partido o agrupación electoral. Y aunque a veces parezcan elecciones “pequeñas”, deciden asuntos muy cercanos: prioridades en el barrio, participación local, espacios públicos y vida comunitaria.
Votar estratégicamente, sin vender el alma
¡Y ahora vamos a lo jugoso! Votar estratégicamente no quiere decir votar por el partido “perfecto”, porque, seamos honestas, esa criatura mitológica no existe. Significa hacer una pregunta concreta: ¿Qué opción puede proteger mejor los derechos y la dignidad de mi familia, mi comunidad y mi barrio en el contexto político actual?
En Berlín, el segundo voto importa especialmente porque los partidos suelen necesitar al menos el 5% de los segundos votos para obtener escaños en el Parlamento regional. Si una fuerza democrática y progresista queda por debajo de ese umbral, normalmente no entra en el reparto de escaños. Los escaños se asignan en proporción a los votos, y el segundo voto tiene un papel central para decidir qué fuerzas tendrán representación.
Por eso, antes de votar, vale la pena revisar no solo los eslóganes bonitos, sino las posiciones concretas:
¿Qué propone cada partido frente al racismo y la discriminación?
¿Defiende derechos de las mujeres, acceso a vivienda, escuelas públicas y servicios sociales fuertes?
¿Habla de migración con humanidad o convierte a las personas migrantes en culpables de todo?
¿Qué ha hecho, votado o bloqueado cuando ha tenido poder?
¿Contribuye a una mayoría democrática capaz de frenar a la extrema derecha?
No se trata de imponer una opción a nadie. Se trata de reconocer que no todos los partidos plantean lo mismo sobre nuestra seguridad, nuestros derechos y el tipo de ciudad en que crecerán nuestras hijas e hijos.
No nos toca quedarnos calladas
A veces, como inmigrantes, aprendemos a vivir con el cuerpo un poco encogido: a no hacer demasiado ruido, a agradecer que nos dejen estar, a pensar que la política “es cosa de alemanes”. Pero no, mi gente. Si esta ciudad es nuestra casa, la política también es asunto nuestro.
Nuestra participación importa precisamente porque la extrema derecha intenta reducir vidas complejas a una etiqueta: “extranjera”, “inmigrante”, “problema”. Frente a eso, votar, cuando podemos, es una respuesta tranquila pero poderosa: no somos un problema que gestionar; somos vecinas, madres, trabajadoras, estudiantes, emprendedoras, cuidadoras, amigas y parte de Berlín.
Nadie debe decirnos por quién votar. Pero sí podemos recordarnos algo: defender la democracia no es una moda ni una etiqueta ideológica. Es proteger la posibilidad de vivir sin miedo, de hablar nuestra lengua, de criar a nuestras hijas e hijos con dignidad y de pertenecer plenamente a la ciudad que ayudamos a sostener.
Una cruz que dice: aquí estamos
Quizá tu hija todavía es pequeña y no entiende qué significa ir a votar. Quizá te pregunte por qué te arreglas para salir un domingo, o por qué llevas un documento en la bolsa junto al snack y las llaves. Puedes responderle algo sencillo: “Voy a ayudar a decidir cómo será la ciudad donde tú vas a crecer.” No es poca cosa. Es un montón.
Así que este 20 de septiembre, si tienes derecho a votar, date ese tiempo. Infórmate. Habla con tus amigas. Revisa la papeleta sin prisa. Piensa en tu barrio, en tu historia, en quienes llegaron antes y en quienes vienen detrás. Pero sobre todo piensa, que ese voto debe protegerte a ti y a tu familia. Aunque muchas veces no estés completamente de acuerdo con esa ideología. Piensa en tu futuro y en el de tus peques y ve a votar, con cabeza y corazón.
Porque Berlín nos ha acogido, sí. Pero también es nuestro país de ahora. El país de nuestros afectos, de nuestros impuestos, de nuestras luchas, de nuestras hijas e hijos. Y un país se quiere no solo celebrándolo: también se defiende, se transforma y se vota








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