Ser madre en otro país: amor infinito y soledad silenciosa
- Cinthya Alcivar
- hace 2 días
- 3 Min. de lectura
Ser madre ya es un cambio enorme. Ser madre en otro país… es una transformación dentro de otra transformación.
Tuve a mis hijos en Alemania, mi vida estaba y está llena de amor. Un esposo presente, un hogar estable, una decisión consciente detrás de mi migración.
Y aun así, hubo y a veces todavía hay momentos de una soledad difícil de explicar.
No es falta de amor, no es que me vaya mal, es algo más silencioso.
Es no tener a mi madre cerca, es no poder llamar a una amiga y que llegue en diez minutos, es criar en tu idioma, pero a la vez con otro, en otra cultura, con otras reglas no escritas.
La maternidad te desarma. La migración también. Y cuando las dos cosas se juntan, algo dentro de ti cambia profundamente.
Hubo días en los que me sentí completamente absorbida por el rol de mamá. Todo giraba alrededor de mis hijos, sus horarios rutinas y necesidades. Y sin darme cuenta, yo empezaba a diluirme. No físicamente, no socialmente, sino internamente.
Había amor infinito, sí, pero también una sensación de estar sola en una etapa que nadie me había explicado cómo atravesar. En mi país habría tenido red inmediata, aquí la he tenido que construir paso a paso.
Y eso pesa.
Pesa cuando tienes dudas y no sabes a quién preguntarle, pesa cuando tu familia solo puede acompañarte por videollamada, pesa cuando sientes que deberías estar agradecida todo el tiempo… pero también estás agotada.
Durante mucho tiempo pensé que no tenía derecho a sentirme así. Había migrado por amor, tengo una relación sana, tengo hijos maravillosos.
¿De qué podía quejarme?
Pero no era queja, era duelo.
Duelo por la versión de mí que quedó atrás, por la red que ya no tenía, por la mujer profesional que parecía estar en pausa.
Con el tiempo entendí que la soledad no era señal de fracaso, era parte de la transición. Y esa transición no termina en un año, se va integrando.
Ser madre en otro país no solo te invita a criar hijos, te invita a reconstruirte como mujer, a crear nuevas redes, a redefinir tu identidad, a volver a encontrarte en medio del ruido.
Yo he necesitado tiempo y sigo necesitando espacios para volver a mí, para recordar que además de madre, esposa y migrante… sigo siendo mujer. Y que cuidarme no es egoísmo, es sostenerme.
Hoy no miro esa etapa como algo superado, la veo como parte de mi evolución.
La soledad silenciosa fue incómoda, sí, pero también me obligó a mirarme, a escucharme, a construir desde dentro.
Y si estás leyendo esto y te has sentido sola en tu maternidad migrante, quiero que sepas algo:
No estás fallando, no estás siendo desagradecida, no estás exagerando. Estás atravesando una etapa que requiere más fuerza de la que parece.
Amar infinito y sentir soledad pueden coexistir y reconocerlo no te hace débil, te hace humana.
Ahora me encantaría leerte a ti.
💛 ¿Cómo está siendo para ti la maternidad lejos de tu país?
💛 ¿Qué ha sido lo más desafiante de criar sin tu red cercana?
💛 ¿En qué momento te has sentido más sola… y qué te ha ayudado a sostenerte?
Este espacio es para compartirnos sin juicio, a veces ponerlo en palabras ya es un primer paso para no sentirnos tan solas.
Te leo en los comentarios
Con cariño
Cinthya








Comentarios