El tiempo de soltar
Llegué a octubre tan agotada, que con la más ligera corriente de aire mis fuerzas caían como hojas desprendiéndose de las ramas. Una a una, y en cada una de ellas un intento de seguir construyendo una vida nueva. Tan nueva que ninguna parte de la anterior podría venir.
Aunque debo confesar que, sin esa vieja versión, me aterraba descubrir una mujer más pequeña, sin experiencia, verde como las hojas nuevas y con un inmenso miedo de caer de nuevo. Pero no de caer en el otoño, sino de caer al llegar el invierno.
Y ahora estoy aquí, a unos días de entregar al fuego las hojas caídas para quemar en él aquello que ya no se puede sostener, para aligerar el peso de las ramas -o debo decir de los brazos, las piernas, la espalda... del alma- para darle lugar a lo que está por nacer.
A ti que estás dejando ir hojas y depurando ramas, a ti que reconoces que es el tiempo correcto de renovar el espíritu, a ti que en el reflejo del espejo te vuelvo a encontrar... es hora de adentrarnos en la oscuridad para volver a brillar.
Hely C. T.









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