Entre el silencio y el duelo: honrar a los ancestros
La primera sensación ha sido ajena. Es extraño estar aquí de nuevo. Sé que estoy en un lugar seguro, con personas que me quieren y me acompañan, pero estoy llena de miedo y tristeza.
Imaginé todo durante las últimas semanas, menos que me sentiría así tan pronto. Echo de menos a los que partieron, a los hombres de mi vida que trascendieron y a quienes no pude decir adiós.
No puedo hablar de esto que siento con nadie más, y cuando lo intento veo en sus ojos el rechazo total; no el rechazo a la historia, sino a escuchar el dolor que mi alma ya no puede soportar.
Es entonces cuando, en el silencio, me encuentro conmigo misma. Intento ser compasiva con mi proceso y dejar que mi cuerpo transite cada emoción. Pero duele, duele el alma (si es que ese dolor se puede sentir), duele cada parte de mí.
Duelen los brazos de no poder abrazarles, las manos de no poder tocarles, los ojos de no poder verles, los labios de no poder nombrarles, los oídos de no poder escucharles... duele el corazón de tanto amarles. Aun así, saber que sus almas hoy habitan otra dimensión es una forma de encontrar consuelo a este dolor.
-Hely C. T.









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