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84 resultados encontrados
- ¿A qué huele tu vida? La memoria olfativa en la vida cotidiana
Por Elizabeth Martínez A propósito de mi último texto (Duelo climático) vino a mi mente la relación entre nuestra memoria y los olores, y cómo interactuamos con ellos en el día a día. La memoria olfativa cumple un papel fundamental en las emociones humanas. Los olores se procesan en un lugar del cerebro llamado bulbo olfativo, la primera estación de este recorrido, que está conectado directamente con las áreas responsables de las emociones y la memoria. Gracias a esta conexión podemos experimentar y recordar momentos de nuestra vida a través de los olores. El pasado domingo, después de pasar un entretenido día con amigos junto a una fogata —observando ese fuego hipnótico— disfruté largamente de su aroma, que me transportaba al otro lado del mundo, donde el olor a leña forma parte de la vida cotidiana. Hoy, sin embargo, al despertar, todo fue distinto. Sentir que toda la casa estaba completamente saturada por el olor a humo dejó de ser romántico. La ropa usada yacía en el suelo, casi suplicando zambullirse en la lavadora. Primero debemos distinguir entre “aroma” y “olor”. El aroma describe algo agradable. Lo asociamos con comida, flores, perfumes, café, etc. Nos evoca bienestar y experiencias positivas. El olor, en cambio, es un término más neutro: indica simplemente que una sustancia es perceptible por el olfato. Puede ser agradable, desagradable o simplemente indiferente. ¿Entonces, cómo pasamos de algo placentero a algo intolerable con el mismo olor? Parte de la explicación es química. Muchas sustancias aromáticas son inestables, y con el tiempo, se degradan generando compuestos malolientes. Las causas de esto pueden ser variadas: oxidación por el aire, acción de la luz o de la humedad, entre otras. Pero los olores no solo dependen de la química. En el cuerpo humano influyen factores genéticos, alimentarios y, por supuesto, los hábitos de higiene. Las bacterias presentes en la piel también desempeñan un papel clave, ya que son responsables de dar ese “toque aromático” al sudor. Nuestra cultura, además, orienta la forma en que interpretamos estos olores. Lo que resulta normal o incluso agradable en un lugar puede percibirse como desagradable en otro. Esta reflexión ahora me lleva inevitablemente a recordar el libro “ El Perfume ”, del escritor alemán Patrick Süskind, famoso mundialmente por esta obra. Sin ánimo de hacer spoiler, el libro narra la vida de un hombre con un olfato extremadamente privilegiado pero que, paradójicamente, carece de olor corporal propio. Una historia que invita a pensar hasta qué punto el olor forma parte de nuestra identidad. Cuando llueve, las calles desprenden un aroma húmedo y se percibe el aire fresco y limpio. Al subir al metro, sin embargo, esto cambia. Se percibe el olor humano impregnando cada centímetro del vagón. Siempre puede haber una explicación para esto —en invierno porque hace frío y en verano porque hace calor—. Lo cierto es que existen olores a los que nuestro olfato nunca termina de acostumbrarse. Quizá, después de todo, la diferencia entre un aroma y un mal olor no esté solo en la química, sino también en el contexto. Los olores no solo describen el mundo que nos rodea, también habitan nuestro mundo interior. Tal vez, la pregunta más íntima no es si algo huele mal o bien, sino qué historia revela el aroma de nuestra propia vida.
- Y tu, ¿cómo te imaginarías viviendo feliz en Alemania?
Si estás recien llegada al país, depronto nos puedas dejar en los comentarios cuáles son esos sueños o ilusiones con las que una pisa por primera vez suelo europeo... Porque esas perspectivas frescas creo que nos pueden ayudar a recordar y a inspirarnos. Y si ya llevas tu buen par de años por aquí, seguramente ya tienes "cancha" enfrentando la divertida cantidad de retos que nos propone este país 😜 Estaba leyendo varios de los posts del Blog, y cada uno, más conversaciones variadas con amigas y allegadas me hacían pensar en algo: Si, Alemania es un país muy retador, y en muchas ocasiones caemos en la corriente nacional del "olvido y la tristeza", incluso de hiperproductividad para sentir que somos valoradas en este sistema (y lo digo desde los aprendizajes de la experiencia). Pero en un chispazo de suerte me pregunté: Bueno, y ¿cómo se vería si viviera feliz después de atravesar esos retos? ¿Hacia donde me puedo dirigir, que sea una meta para buscar sentirme realmente integrada y a gusto en este país? Y después de años de masticar y digerir estos cuestionamientos, estas son algunas de mis respuestas: ( Aviso importante: si has vivido situaciones diferentes de lo que menciono acá... Y sobre todo muy retadoras, valido totalmente la importancia y complejidad de tu experiencia 😊 por eso todo lo que leas acá, que deje por fuera partes de ella o sean diferentes y no te aporten, pasalas de largo, porque sólo tu entiendes lo que has vivido, lo que necesitas y cómo puedes cuidar mejor de ti. Dicho esto, arranquemos!) Red para integrarse, no es lo mismo que red para sostener : Es maravilloso tener contactos, amistades y círculos sociales "muy alemanes", pero sus formas de ser son en su mayoría bien diferentes que las nuestras (oh sorpresa 🙈). Y si sólo nos sumergimos en esas redes, es como comprar una casa, sin tener un sueldo que la financie. Así que necesitamos las dos redes, una "del nuevo hogar" para aprender de este país y podernos mover con más autonomía... Y la otra, ESCENCIAL, la de nuestros lugares de origen , que nos den un piso en el que pararnos y con quienes transitar retos, que aunque puedan ser distintos, tengan emociones muy similares ( Gran aporte: descanso y digestión). La lógica del sistema de nuestros países latinos es emocional... La lógica alemana, es LÓGICA : Aunque suene un poco random este comentario, lo que quiero decir con esto es que el duelo de vivir en Alemania es con la pérdida de existir en un ambiente que funciona muy basado en lo que sentimos, y por ende maneja "la empatía" como una moneda. ¡Ojo! Esto puede ser tanto color de rosa, como fuente de muchos dolores de cabeza... Pero en general, digamos que esa es la idea y que esto nos ha permitido expresarnos tal vez más libremente, en nuestras relaciones, en nuestros países. En Alemania incluso a las emociones se les busca un orden, por eso si nuestras emociones han crecido en un ambiente donde tienen más permiso de ser libres e impredecibles (como lo son normalmente las emociones), se pueden sentir apretadas tratando de encajar en el orden alemán. - Moraleja de este asunto: revisa cuales de tus rutinas necesitan vivirse obligatoriamente en el mindset lógico y cuales en el mindset emocional. - Tip: En Alemania los ambientes emocionales, los vas a poder encontrar más que todo en grupos o movimientos subculturales "alternativos" o "de protesta" (¡porque adivina qué! Ser migrante acá y hablarlo abiertamente es tema un poco revolucionario 😂) . Y a ver, acá las palabras "protesta" o "movimientos alternativos" son tal vez menos tabú que en nuestros países, en el sentido de que al alemán le parece bien que se expresen emociones que latinamente tendemos a ver como "negativas" (por ejemplo la rabia o el desacuerdo... Sólo que de forma "más organizada" 😝) que paradoja ¿no? ... Pero punto para Alemania por aceptarnos mostrar emociones que también son válidas. El trabajo como medio para vivir y no para ser valorada socialmente: Tema complejo. Obviamente si tienes la suerte de estar muy a gusto en tu trabajo y sientes que estás viviendo tu vocación, entraste ganando ❤️ y si no es así, y te encuentras en el limbo entre eso y un trabajo que es la fuente de tu desdicha o incluso, no encuentras trabajo (otro post necesario para esto), entonces te invito a mirar esta perspectiva: Es muy común que para muchos alemanes, el reconocimiento laboral o la hiperproductividad sea parte de su identidad... Jmm, incluso como latina, he ido por ese camino, que me ha llevado a lugares oscuros. Y me hace pensar que tal vez, esos retos de vivir en Alemania me estén preguntando: ¿quién eres realmente? Para que a medida que vaya encontrando más respuestas, pueda aportar a un mundo que nos permita cada vez más, ser quienes realmente somos. Pero como también eso me ha puesto entre la espada y la pared, me ha tocado preguntarme si tal vez puedo sentirme muy valiosa por otras cosas que no sean mi trabajo y que (al menos por algún tiempo indefinido), tenga un trabajo que "simplemente" pague mis cuentas. Punto. Y aunque aún estoy en ese camino, me he dado cuenta que he encontrado valor en mí, al ser una mujer que conecta, que se expresa, que cuida de su hogar y de si misma, que construye comunidades y conecta mundos (tanto el latino con el alemán, como perspectivas de diferentes generaciones). Entonces esas son mis preguntas de hoy para todas. Y si has identificado otras ideas para construir ese ambiente que nos permita vivir más felices en Alemania y aportarle a este país nuestros descubrimientos, escribe en los comentarios, porque esas ideas tan valiosas (si, la tuya) sólo las encontraremos en "grupos alternativos" como este 😜 Un abrazo desde Bremen, Maria Pd: Algunas de las fotos son cortesía del fotógrafo Philipp Eigner y la comunidad Visionskultur gGmbH.
- El duelo climático: Nostalgia silenciosa, pérdida invisible.
Por Elizabeth Martínez Mucho hemos escuchado, leído y hablado sobre el duelo migratorio. En general, lo entendemos como un proceso de pérdidas múltiples: idioma, cultura, redes sociales (entiéndase como redes de apoyo y afecto), estatus, etc. Sin embargo, dentro de estas pérdidas aparece una dimensión poco visible, o tal vez menos escuchada: la pérdida del clima y del paisaje de origen . Nos encontramos ante otras temperaturas, otra luminosidad, una vegetación diferente y muchas veces, incluso otros sonidos ambientales. El migrante no solo pierde un territorio social, sino también un ecosistema emocional . ¿Cómo podemos describir el vínculo afectivo que se genera entre las personas y el entorno físico? Traemos con nosotras toda esa memoria plasmada en cada una de nuestras células. Les comparto una experiencia cotidiana. Cuando pienso en marzo, por ejemplo, para mí huele a hojas secas. Mi mente y mi cuerpo sienten que es momento de abrigarse y que debemos prepararnos para “iniciar” el año. Cuando llega junio, en cambio, me cuesta asimilar que se inicia el verano. Con sólo nombrar el mes, viene a mi mente la lluvia y el viento que, al otro lado del mundo —en el otro hemisferio— golpea estrepitosamente los techos. El olor a tierra mojada me inunda, casi puedo sentir las gotas en mi piel. Mi nariz se pone en alerta, pero por mucho que agudiza el sentido del olfato, no encuentra ese aroma húmedo. Mi cerebro y mi cuerpo se confunden. Hay olor a primavera, pero es marzo. Hay olor a verano, pero es junio. En antropología se habla de identidad climática , puesto que las personas internalizan el clima de su lugar de origen. Esta experiencia suele describirse como pérdida sensorial . Una pérdida más que se suma a las muchas que acompañan la migración. Cuando una persona se traslada a una latitud distinta, especialmente en Europa del norte, el contraste puede ser intenso. El duelo climático suele manifestarse a través de emociones sutiles: nostalgia sensorial, desorientación estacional, melancolía paisajística. A diferencia de otros duelos, este reaparece cada año. Algunos psicólogos lo consideran un duelo estacional recurrente. Con el tiempo, el cerebro crea nuevas asociaciones. No obstante, el recuerdo original permanece intacto. Hay muchas formas de intentar familiarizarse a estos cambios. Podemos construir nuevas comunidades, crear nuevos rituales para adaptarnos y aprender a habitar este nuevo paisaje. Sin embargo, por encima de todo, aprendemos a habitarnos nosotras mismas. A habitar el espacio que somos.
- El invierno en Europa y la vitamina que no sabía que me faltaba
Oficialmente, el último día que vi el sol brillar con intensidad fue el 7 de diciembre. Ahí fue cuando comenzó el invierno para mí. Después de eso pasaron los días entre lluvias y nevadas; cada día me sentía más agotada y, aunque durante las noches conciliara el sueño, aquella fatiga extrema no se iba con nada, incluso después de haber descansado lo suficiente. A esto se sumaban los dolores de cabeza y los calambres en las piernas que no cedían con nada. Y lo que me faltaba: ya era la tercera vez que me enfermaba en menos de un mes. Además, estaba la dificultad para concentrarme y una sensación general de apatía. Yo le echaba la culpa al estrés de los exámenes, a la nostalgia de las fechas decembrinas y al hecho de tener que pasar la Navidad lejos de casa y de mi familia. Todos estos síntomas son difusos y, en verdad, podrían ser signo de todo y de nada a la vez. Yo pensaba que eso de la deficiencia de vitamina D no era tan grave y debo admitir que la primera vez que oí hablar de ello pensé que a mí nunca me pasaría. Pero en una visita al médico por una infección estomacal (la segunda en menos de un mes), el doctor me mandó una analítica de sangre y, en cuanto estuvieron los resultados, ya no cabía duda: me encontraba en deficiencia de vitamina D, con un valor de 18 ng/mL (<20 ng/mL), por debajo de lo que el National Institutes of Health considera normal. Me han recetado suplementar una cápsula por mes; hasta el momento llevo dos tomas. Y no quisiera yo darle todo el crédito de mis malestares —ni de mis bienestares— a la vitamina D, pero sí es verdad que desde que la tomo a rajatabla, como lo ha mandado el doctor, me he sentido mejor y no me he vuelto a enfermar, lo cual ya es ganancia. Esta es mi experiencia personal de cómo pasé un mal rato brincando de enfermedad en enfermedad. No es mi intención recomendarte que tomes suplementos de vitamina D sin recomendación ni supervisión médica (ni de vitamina D ni de otra cosa, vaya). Pero sí es mi intención que, si te has sentido identificada con alguno de los síntomas que comparto aquí, consideres ir a revisión con tu doctor. La deficiencia de vitamina D es relativamente frecuente en personas de Latinoamérica que migran a Europa. Esto se debe principalmente a que damos un giro de 180 grados en nuestro estilo de vida: cambios en la dieta, menos alimentos fortificados y ricos en vitaminas y minerales, y menos exposición a la luz solar diaria —que es la que ayuda a sintetizar esta vitamina—. Pasamos más tiempo en interiores (por trabajo, estudios o simplemente por el clima frío) y, claro, está el hecho de que el sol se mete a las cuatro de la tarde. Y recuerda siempre que no estás sola en este viaje llamado migración. A veces el cuerpo también resiente los cambios, el clima, la distancia y todo lo que dejamos atrás. Y aunque muchas veces lo atravesamos en silencio, somos muchas las que estamos aprendiendo a habitar nuevos lugares, nuevos inviernos y nuevas versiones de nosotras mismas
- Día de la Mujer¿Para qué conmemorar?
Por María Teresa González Osorio ( psicóloga y Coach sistémica) Ayer se conmemoró el Día Internacional de la Mujer (8 de marzo). Recordamos que muchas mujeres no solo sostienen su propia vida, sino también gran parte de la carga emocional de la familia. Cuidan, contienen, organizan y acompañan… muchas veces en silencio. Reflexionar sobre esto es el primer paso para construir relaciones más conscientes, equitativas y humanas.
- Ser madre en otro país: amor infinito y soledad silenciosa
Ser madre ya es un cambio enorme. Ser madre en otro país… es una transformación dentro de otra transformación. Tuve a mis hijos en Alemania, mi vida estaba y está llena de amor. Un esposo presente, un hogar estable, una decisión consciente detrás de mi migración. Y aun así, hubo y a veces todavía hay momentos de una soledad difícil de explicar. No es falta de amor, no es que me vaya mal, es algo más silencioso. Es no tener a mi madre cerca, es no poder llamar a una amiga y que llegue en diez minutos, es criar en tu idioma, pero a la vez con otro, en otra cultura, con otras reglas no escritas. La maternidad te desarma. La migración también. Y cuando las dos cosas se juntan, algo dentro de ti cambia profundamente. Hubo días en los que me sentí completamente absorbida por el rol de mamá. Todo giraba alrededor de mis hijos, sus horarios rutinas y necesidades. Y sin darme cuenta, yo empezaba a diluirme. No físicamente, no socialmente, sino internamente. Había amor infinito, sí, pero también una sensación de estar sola en una etapa que nadie me había explicado cómo atravesar. En mi país habría tenido red inmediata, aquí la he tenido que construir paso a paso. Y eso pesa. Pesa cuando tienes dudas y no sabes a quién preguntarle, pesa cuando tu familia solo puede acompañarte por videollamada, pesa cuando sientes que deberías estar agradecida todo el tiempo… pero también estás agotada. Durante mucho tiempo pensé que no tenía derecho a sentirme así. Había migrado por amor, tengo una relación sana, tengo hijos maravillosos. ¿De qué podía quejarme? Pero no era queja, era duelo. Duelo por la versión de mí que quedó atrás, por la red que ya no tenía, por la mujer profesional que parecía estar en pausa. Con el tiempo entendí que la soledad no era señal de fracaso, era parte de la transición. Y esa transición no termina en un año, se va integrando. Ser madre en otro país no solo te invita a criar hijos, te invita a reconstruirte como mujer, a crear nuevas redes, a redefinir tu identidad, a volver a encontrarte en medio del ruido. Yo he necesitado tiempo y sigo necesitando espacios para volver a mí, para recordar que además de madre, esposa y migrante… sigo siendo mujer. Y que cuidarme no es egoísmo, es sostenerme. Hoy no miro esa etapa como algo superado, la veo como parte de mi evolución. La soledad silenciosa fue incómoda, sí, pero también me obligó a mirarme, a escucharme, a construir desde dentro. Y si estás leyendo esto y te has sentido sola en tu maternidad migrante, quiero que sepas algo: No estás fallando, no estás siendo desagradecida, no estás exagerando. Estás atravesando una etapa que requiere más fuerza de la que parece. Amar infinito y sentir soledad pueden coexistir y reconocerlo no te hace débil, te hace humana. Ahora me encantaría leerte a ti. 💛 ¿Cómo está siendo para ti la maternidad lejos de tu país? 💛 ¿Qué ha sido lo más desafiante de criar sin tu red cercana? 💛 ¿En qué momento te has sentido más sola… y qué te ha ayudado a sostenerte? Este espacio es para compartirnos sin juicio, a veces ponerlo en palabras ya es un primer paso para no sentirnos tan solas. Te leo en los comentarios Con cariño Cinthya
- No todas eran sufragistas. La historia olvidada del 8 de marzo
Por Elizabeth Martínez Ya estamos en marzo. La nieve del invierno se derritió y los primeros rayos de sol comienzan a entibiar la ciudad. Con cielo azul y con brisa fresca se aproxima el “8 de marzo”, Día Internacional de la Mujer. ¿Cuánto sabemos de esto? ¿Por qué se ha elegido esta fecha? ¿Cuál es el punto de partida? Estas son algunas de las interrogantes que surgen cuando nos detenemos un minuto para reflexionar. Sin el afán de dar una clase de historia, quiero compartir con ustedes algunos datos significativos. El 8 de marzo como Día Internacional de la Mujer no nació en Inglaterra como una lucha por conseguir el voto femenino. En 1910, el 26 y 27 de agosto, se efectuó en Copenhague, la Segunda Conferencia Internacional de Mujeres Socialistas. En esa conferencia, Clara Zetkin propuso la creación de un Día Internacional de la Mujer . La propuesta fue aprobada por unanimidad por más de 100 delegadas de 17 países. Ese momento es considerado el punto de partida oficial del Día Internacional de la Mujer. El primer Día Internacional de la Mujer se celebró un año más tarde, el 19 de marzo de 1911. Esta primera fecha fue elegida en referencia a un momento histórico importante en Prusia: el 19 de marzo de 1848, durante la Revolución de Marzo, el rey prusiano prometió (aunque luego no cumplió plenamente) reformas democráticas, entre ellas el sufragio masculino (aún no había intención alguna de incluir a las mujeres). Las socialistas alemanas quisieron conectar la lucha por los derechos de las mujeres con la lucha más amplia por la democracia. Ese día, más de un millón de mujeres y hombres participaron en manifestaciones en varios países europeos como Dinamarca, Austria, Suiza y Alemania. El 8 de marzo de 1917 (23 de febrero según el calendario ruso) mujeres trabajadoras en Petrogrado iniciaron una huelga por “pan y paz”. Ese episodio marcó el origen definitivo de la fecha que hoy conmemoramos. Más tarde, el movimiento socialista internacional fijó oficialmente el 8 de marzo como fecha permanente de celebración. Desde entonces, esa es la fecha que se mantiene internacionalmente. ¿Ahora bien, por qué entonces relacionamos generalmente el Día Internacional de la Mujer con las sufragistas? Las sufragistas fueron activistas que, entre fines del siglo XIX y comienzos del XX, lucharon específicamente por el derecho al voto de las mujeres en diferentes partes del mundo, Estados Unidos, Inglaterra y Nueva Zelanda, quedando el caso británico como emblemático por su intensidad y visibilidad histórica. Es importante distinguir que existían dos movimientos: el movimiento sufragista (principalmente liberal y burgués) y el movimiento socialista femenino (del que surge el Día Internacional de la Mujer). Ambos luchaban por el voto femenino, pero desde enfoques políticos distintos. No eran lo mismo, aunque a menudo hoy los recordemos como si lo fueran. Es común también escuchar o leer lo del incendio de la fábrica Triangle Shirtwaist , en la ciudad de Nueva York. Este incendio tuvo lugar el 25 de marzo de 1911 y no tuvo relación alguna con el origen del Día Internacional de la Mujer. Sin embargo, con el tiempo el incendio se convirtió en un símbolo poderoso de la lucha por los derechos laborales de las mujeres. Muchas veces se lo asocia al 8 de marzo por su impacto histórico. Es así como el 8 de marzo nació de una estrategia colectiva, no de un accidente. La historia es más compleja que el mito. Al llegar hasta el final de estas líneas, pienso que tal vez la pregunta no sea cómo y cuándo nació el 8 de marzo, sino qué hacemos hoy con esa historia. Algunas referencias para quienes quieran profundizar: Kaplan, T. (1985). On the socialist origins of International Women’s Day. Feminist Studies. IAmExpat. (2025). How it all began: A history of Women’s Day in Germany. KU Leuven. (2020). International Women’s Day: Its origin and significance.
- Cine, migración y lenguaje común en un mundo fragmentado
Por Elizabeth Martínez. En el mito de Babel, la lengua se quiebra y la humanidad se dispersa. En la experiencia migratoria, ese quiebre se vuelve cotidiano: hablar ya no garantiza ser comprendido. Quizás por eso el cine insiste en contar historias con imágenes. En la recién concluida Berlinale, las lenguas no se unificaron, pero las imágenes actuaron como un lenguaje común y reunieron a miles de personas de distintos orígenes; algunos de paso y otros locales. Este año, la programación estuvo marcada por mensajes sociales. Aunque el festival no se define como un espacio partidista, resulta imposible separar al cine de los contextos sociales que lo rodean. Las películas dialogan con su tiempo. El cine nos recuerda que migración no es solo cruzar una frontera, sino es ese “Zerrissenheit” (desgarro de la identidad) cuando el hogar se convierte en un eco ajeno. Los temas abordados este año fueron diversos, pero destacaron las propuestas inspiradas en experiencias de migración: desde la aspereza de los trabajos de limpieza en ambientes hostiles hasta los abandonos forzados. Las mujeres como protagonistas expusieron realidades extremas y perspectivas de resistencia y valentía. Los reflejos de estas escenas mostradas al mundo identifican. La Berlinale nos entrega un capital cultural que amplía la visión de nuestro entorno, no solo desde este festival, sino también desde la cartelera tradicional. En cualquier lugar esto resulta significativo. Lejos de ofrecer respuestas el cine propone preguntas, abriendo espacios de discusión y reflexión. Ver las salas llenas de un público multicultural revela una voluntad compartida de mirar, de interesarse y de intentar comprender al otro. Quizás este sea el primer paso para habitar nuestra propia Babel; no para resolverla, ni unificarla, sino para aprender a convivir en ella.
- Emprender en el extranjero: ¿por qué no?
La tecnología ha venido para quedarse y debemos sacar provecho de ello, cada vez más aumenta la tasa de emprendedores queriendo cubrir necesidades del mercado, es tu momento mujer. Si vives en un país que no es el tuyo y quieres emprender en algo que se te da bien, atrévete y hazlo, esta experiencia es emocionante y desafiante, pero si te tengo que decir varias cosas que tienes que tener en cuenta antes de lanzarte a la aventura emprendedora. Como punto principal de la historia, tienes que integrarte bien en tu nuevo país, conocer la cultura, tener un básico del idioma, saber como se maneja la situación del terreno donde estás, además y no menos importante tienes que trabajar tu mentalidad, las creencias limitantes que no te dejan avanzar y tu relación con el dinero. Esos saboteadores mentales son los que te hacen postergar tus sueños y anhelos. Estas recomendaciones que te hago aplican tanto si vas a emprender con un negocio físico o digital. En mi caso, tuve que pasar por varios procesos y han sido los que te he descrito arriba, sin estos pasos es casi imposible lograrlo, porque para constituir tu negocio tienes que saber como funcionan los temas legales del país en que resides, te aconsejo buscar asesoría profesional en el tema. Yo después de tanto postergar me lancé al ruedo, y sí, soy Freelance Copywriter y ayudo a empresas y emprendedores a comunicar la esencia de su negocio a través de los textos para que vendan más (escritura persuasiva). Prometo escribir otro post donde te cuente más en profundidad de que se trata. Y así como yo he sacado este proyecto seguro tú también deseas sacar a la luz el tuyo, si es posible, no es fácil, pero compensa. A por esos sueños mujer y recuerda. “El éxito no es la clave de la felicidad. La felicidad es la clave del éxito” Cinthya Alcivar Consultora de Marketing Digital / Copywriter / Mentora de Negocios www.cinthyaalcivar.com
- La desilusión del primer mundo
He pensado mucho en el tema sobre el que escribir para mi primer post en este blog de Latinas en Alemania. Luego de darle muchos días de conversaciones con la almohada, me dije a mi misma que de todo lo que he leído, poco he visto sobre la desilusión que uno/a se lleva cuando llega al llamado “primer mundo”. Personalmente no es mi primera vez, sino la cuarta vez en Europa, siendo la tercera vez que vivo en Alemania. Así que puedo comparar épocas anteriores con la actual. Y en gran resumen, no ha cambiado para mejor. Con esto no quiero desilusionar a quienes están por venir, pero sí dar un punto de vista sobre este tema. En el 2020 llegué a Alemania con mi familia, esposo e hijas, llenos de esperanzas sobre una nueva vida, en un lugar seguro y con más oportunidades para nosotros. Y aunque yo tenía totalmente claro que el migrar es un proceso, aún no tenía idea sobre el proceso con una familia a cuestas. Para mi estos han sido los desafíos enormes de migrar a Alemania con familia, puede ser que en ciertos casos sea específico para Berlín: - Encontrar vivienda. Creo que cualquiera que haya venido ha pasado por este trámite que parece imposible. Bueno ya sé que exagero, pero conseguir algo estando aún fuera del país es casi como encontrar una aguja en un pajar, estando ya en el país es menos complicado, pero tampoco fácil. Eso en mi país es totalmente diferente. Allá casi que puedes elegir a tu total gusto dónde vivir, los metros cuadrados, imponerte ante cosas que el propietario no quiera, etc. Aquí casi casi te hacen un favor al alquilarte algo. - La soledad. Y entiendo que haya gente que disfrute su soledad, el vivir solo/a significa tranquilidad y paz. Para otros la soledad es una carga pesada que o aprendes a llevarla a te aplasta. Parecería obvio que para experimentar la soledad uno/a deba estar en realidad solo o sea como popularmente se dice "no tener ni perro que te ladre". Pero no es necesariamente así. He podido caer en cuenta que al migrar existe una nueva clase de soledad, que personalmente he atravesado. No estoy literalmente sola, porque tengo mi familia y, sí, graciosamente tengo a un perro que me ladra. Pero existe una soledad que sufres al migrar porque se ha "perdido" a la familia cercana, al círculo de amigos, a una vida que ya no está. Y eso puede hacerte sentir muy muy solo/a. Eso sumado al hecho de que hacer amigos en otra ciudad, país, cultura, y más aún a una edad "avanzada" es cada vez más difícil. - Encontrar especialistas médicos. La salud es un tema que me da para un post solito, pero el problema con el que más me he encontrado es el de los especialistas. Encontrar cita para un dermatólogo puede llevar hasta 6 meses y cuando lo encuentres, es una lotería que sepa tratar tu piel. He ido a al menos 10 dermatólogos en estos 3 años y ninguno me ha tratado como lo hacía mi doctora en mi país. Me tocará seguir buscando, aunque los tiempos de espera sean absurdos. - Obviamente el clima. Tal vez no molesta al inicio, ni al segundo o tercer año, pero creo que casi todos llegamos a extrañar tener varias horas de sol al día y no tener que estar poniéndose el ropero completo encima para poder salir sin frío. Yo personalmente extraño el clima de mi ciudad, la eterna primavera en donde no sentía menos de 15 grados ni más de 25. Abrigos grandes, gorros, medias de lana casi nunca. - La burocracia. Si hay algo que a mí se me venga a la mente al escuchar la palabra Alemania, es la burocracia. Pienso que Alemania se parece mucho al libro de Kafka, “el proceso”; con todos sus despachos en diferentes pisos, los casos complicados, todo es difícil. Todo empieza con el registro en el ayuntamiento. Esto es necesario para “existir” en este país. Con ese registro puedes trabajar, recibir notificaciones del estado, recibir tu número fiscal, abrir cuentas de banco, firmar contratos, etc. Pero para esto necesitas tener un departamento, cosa que como ya vimos antes es difícil. Pero para tener departamento necesitas trabajar porque sino nadie pensaría siquiera alquilarte un departamento. Y para trabajar necesitas tu número fiscal… así que es un círculo vicioso terrible. Adicional al registro están los trámites de extranjería que son un dolor de cabeza, los de licencia, de impuestos, y un sinfín de trámites que se hacen en el ayuntamiento. Para lo cual conseguir cita es una tarea titánica. En serio creo que se necesita un libro a lo “Burocracia alemana para dummies”. - Las drogas. Ni siquiera porque vengo de un país dominado por el narcotráfico había estado tan cerca de las drogas como en Berlín. El olor a marihuana suele inundar cuadras enteras, ver a la gente con la mirada perdida es algo muy normal, ver como se inyectan en un baño público con la puerta abierta de par en par, encontrar a un adicto con la inyección aún colgando del brazo (de hecho, eso lo vio mi hija de 8 años). Jamás había visto esto y pues es algo “normal” en ciudades grandes, sobre todo en Berlín. - La suciedad. Uno pensaría que como en Europa la gente es más culta, cobran más impuestos, hay más dinero para estas cosas, las ciudades son nítidas. Posiblemente dependa de la ciudad. Berlín es, en muchas áreas, una ciudad super sucia. No solo se ven montones de basura en las calles, los basureros sin fondo con todo su contenido desparramado en el suelo, sino que hay muebles en muchas esquinas. El deshacerse de muebles suele tener un costo, así que la gente prefiere ponerlos en la calle para ver si algún rato la basura se la lleva. Pero eso suele demorar hasta que alguien se queja con el “Ordnungsamt” - Oficina de orden público – y ellos se encargan de retirar los muebles. - Los impuestos. Si bien es cierto que esto es lo que permite que la sociedad funcione, que se pueda dar ayudas sociales, etc, no es menos cierto que se paga impuestos por todo acá. Impuestos para la TV y radio (que dicho sea de paso muy poca gente mira), impuestos por tener mascotas (en Berlín 120€ anuales), impuesto a la religión (si eres católico o evangélico), impuesto al café y algunos otros impuestos algo absurdos. - El mal humor. Creo que definitivamente los alemanes no tienen fama de ser lo más alegres, pero a veces pienso que muchos viven sus vidas en la total amargura. He leído mil y una historias sobre como los vecinos se quejan del más mínimo ruido (me pasó que vino un vecino a patearme la puerta porque mis hijas jugaban), cargan caras de pocos amigos, gritan a todo el mundo. Ojo que no digo que sean todos, pero en Berlín abundan. Supongo que me habré olvidado de una que otra cosa. Pero luego de poner en una lista tanta cosa negativa, pues algo habrá que aún no me ha desilusionado del todo vivir acá. - La educación: Las escuelas públicas son gratis. La calidad de la educación es otra cosa, pero con esa educación puedes llegar a la universidad, algo que la educación en Latinoamérica no siempre te permite. Las carreras universitarias de pregrado igualmente son muy asequibles. - La salud. Si bien es cierto tiene sus obstáculos, pero en general todos tienen acceso a la salud y no tendrán que declararse en bancarrota por cuentas médicas, ni te vas a morir por no tener como pagar los servicios de urgencia u hospitalarios. - La seguridad. Sé que hay sectores más o menos peligrosos, pero en resumidas cuentas Alemania es mucho más seguro que muchos países latinoamericanos. No digo que no sucedan cosas, es más a mí me han robado una vez la bicicleta, pero tengo la libertad y seguridad de salir sola a caminar de noche, de poder hablar con el celular sin miedo de que me roben. No tengo que pensar dos veces al escuchar una moto, pensando que vendan a robarme o tener miedo de escuchar disparos a cualquier hora del día pensando que son sicarios. Eso es un alivio enorme. - El transporte. Al menos en ciudades grandes como Berlín o Hamburgo, el servicio de transporte es excelente. Buses, Tranvías, trenes, metros prácticamente 24/7 y a todos lados, con gradas eléctricas, ascensores, acceso para sillas de ruedas, coches de bebés, perros. Y todo esto por apenas 49 € al mes con el ticket de Alemania (Deutschlandticket). - La facilidad para viajar. En general viajar es relativamente sencillo. Hay trenes o buses a todo lado, hay aviones que ofrecen buenos precios, hoteles, hostales para todo bolsillo. Si tienes auto puedes en un día ir a conocer otro país y volver. Hay paisajes maravillosos, bosques, lagos, ríos, montañas y mil cosas hermosas que conocer. Con estos pros y contras pueden formarse su propia idea. Pero es bueno no venir con la falsa idea de que acá todo es limpio, ordenado, y funciona siempre perfectamente. FALSO. Posiblemente tenga una opinión sesgada porque estos últimos años solo he vivido en Berlín, y al parecer en Berlín todo funciona más mal que bien. Este país, como muchos otros, tiene sus problemas, pero también cosas buenas que permitirán tener una vida plena. Blog: https://migrantmoms.home.blog/ Blog: https://alemania4dummies.wordpress.com/
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